El gran guitarrista junto a Flor Bobadilla Oliva conforma el Dúo Bote. Ellos ganaron en el 2024 el Gardel al mejor álbum de chamamé con el disco Aromas del tiempo. En el 2025 sus presentaciones estuvieron centradas en la celebración de los diez años del primer disco, Ysyry. “En Buenos Aires la música del litoral tiene muy buena escucha. En parte esa segregación que tuvo y que tiene creo que también le hizo bien. La música del litoral durante mucho tiempo fue discriminada en relación al folclore en general. Lo mismo le sucedió a la música de cuyo”, comentó Abel. Además, hablamos aquí de sus procesos creativos, de las claves para sostener un proyecto y de lo que se viene de cara al presente año 2026.
Por Paulo Ferreyra
En el segundo semestre del 2025 el Dúo Bote estuvo tocando bastante. Hicieron varias presentaciones, conciertos, estuvieron en peñas y participaron de un concierto en Sintropía Rural. Este último es un espacio generado por personas que están trabajando con las familias qom en el impenetrable Chaqueño. El evento había sido para juntar fondos para construir cisternas recolectoras de agua de lluvia para garantizar el derecho básico de agua potable.
En Capital está tocando bastante. Ya se conocen casi todos los circuitos desde hace bastante tiempo. En esta charla con Abel Tesoriere agrega que todo lo que sucede con el Dúo Bote es grato en el camino. “El dúo empezó casi en medio de una casualidad y lo que tuvo a lo largo del tiempo es perseverancia. Nosotros con Flor venimos haciendo cosas juntos desde el 2011. Hubo solo un pequeño período que no tocamos pero después siempre estuvimos haciendo cosas juntos, armando repertorio, tocando y buscando canciones”, explicó.
Cabe agregar que a lo largo del tiempo tanto Abel como Flor Bobadilla Oliva tienen proyectos y caminos diferentes. Ambos recorren otras expresiones musicales. Incluso Flor en el último tiempo intensificó su profesión como actriz.
El año pasado el dúo celebró los diez años de su primer disco, Ysyry. El mismo tuvo una repercusión que no esperaban. “Los dos venimos de la música independiente y la música independiente es una remada eterna. Entonces, nosotros nos juntamos a hacer música solo por el placer de hacer música. Los dos tenemos ganas de hacer música. Los discos que grabamos tuvieron buena repercusión. Sobre todo en Capital. Luego eso se fue extendiendo a otros lugares”.
Esa admiración que despertó tanto el primero como el segundo disco la recibieron tanto del público en general como de sus pares músicos. Todo eso les llegó al cuerpo. Así fueron abrazando el afecto. La alegría se fue fortaleciendo en cada abrazo que los cobijó durante este tiempo.
— ¿A qué le atribuyen ustedes este cariño y apoyo que reciben del público?
— Para nosotros todo es muy sorprendente. Creo que eso tiene que ver con el lenguaje que generamos los dos. Los dos somos litoraleños pero también venimos y hacemos otras cosas con la música. No somos enteramente chamameceros. Tenemos una parte chamamecera pero tenemos otra parte que viene de otras músicas. En esas otras músicas el abanico se abre entre la canción latinoamericana y otros ritmos como el jazz. Entonces se arma ahí otros colores y otras texturas que generan una estética particular.
— ¿Cómo es hacer música del litoral en Buenos Aires?
— En principio para nosotros la lejanía con el territorio hace que uno o una tengan una contemplación de los lugares, de la gente y sus costumbres. La capital es un lugar muy diverso y muy cosmopolita. Hay oreja para todo. Siempre la música del litoral tiene muy buena escucha. En parte esa segregación que tuvo y tiene creo que también le hizo bien. La música del litoral durante mucho tiempo fue discriminada en relación al folclore en general. Lo mismo le sucedió a la música de cuyo. Acá la gente está ávida de escuchar la música del litoral.
— Me aventuro a poner algo en escena. Una de las características del Dúo es el silencio, tanto tuyo en la guitarra como lo que genera Flor a través del canto, ¿sentís que es así? ¿Cómo lo vivís vos?
— Nosotros cuando nos juntamos con Flor trabajamos mucho en la elección del repertorio. Me parece que ahí radica nuestra principal característica. Nosotros elegimos música de hace cuarenta o cincuenta años que fueron éxitos. Las tomamos y las recreamos. Nuestro objetivo siempre está basado en la memoria. Para Flor eso significa remontarse a lo que escuchaba en Misiones con todas sus costumbres y bagajes. En mi caso voy a mi infancia en Formosa, donde también había música del litoral y sobre todo música paraguaya.
Cuando nos juntamos con Flor elegimos una canción. Primero buscamos la tonalidad. Encontramos la talidad y empezamos a probar. Después vamos con la gubia y el martillo para encontrar un canal por donde caminar. A veces es un disparador con la guitarra y otras veces es Flor haciendo algo distinto con la voz. Empezamos a tocar. Empezamos a probar.
Nuestros procesos son lentos. No corremos. Hay canciones que las tocamos pero que todavía no están con el camino allanado. Hay canciones que hace tiempo tocamos en la intimidad y se quedan ahí, no salen todavía a los conciertos ni la grabamos porque sentimos que todavía le falta algo, una vuelta más. Es todo muy empírico. Es lanzarse al juego donde nos sumergimos en la canción para buscar sus colores más profundos.
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Hay una imagen. Es preciosa. Si, preciosa. Es una foto donde están Abel y Flor rodeados de dos grabadores y muchos cassettes. Es bella esa imagen en tanto que representa parte de su intimidad como dupla creativa de Dúo Bote. No es una pose. La selección del repertorio de ellos viene de ahí, de buscar en cassettes que grabaron ellos hace muchos años atrás o que les prestaron. Hay amigos o amigas que le acercan canciones grabadas en cassette.
Durante la charla Abel cuenta que en Buenos Aires en estos momentos hay un surgimiento de la reproducción en cassette. Pero lo suyo no es moda, advierte. El viene hace tiempo juntando material de la música en ese formato. “Sucede que todavía hay cosas por descubrir en la música. Hay buena música que todavía no llegó a las redes”.
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— Más allá del agua que siempre está presente, ¿podría decirse que otra característica del repertorio del dúo es el amor?
— Nuestro discurso central es la canción. Eso nos lleva a movernos en la balsa del lenguaje que tuvieron los poetas del litoral. Ahí la temática se abre con el paisaje, la cultura de la gente, el amor romántico si quiere, un amor abierto a la tierra, a la cultura, el amor atravesado por el río - por el agua.
— Llevan más de diez años juntos, ¿cuál es la clave para sostenerse o ensanchar ese camino que hacen juntos?
— Lo principal es el amor a la música que hacemos y el placer de tocar juntos. La verdad es que a mí me encanta, es gozoso tocar la guitarra y acompañar a Flor. Me encanta. Soy solista de guitarra y tengo un trío instrumental. Pero me genera un placer particular acompañar a un cantor o una cantora. Hacerlo con Flor es hermoso, tocar y hacer música juntos es un camino de disfrute. En principio eso.
Después está el hecho de que los dos entendemos que el proyecto es el fin y que eso funciona. Entonces, obviamente que somos amigos y nos conocemos hace mucho tiempo. Por ahí aparecen chispazos como en cualquier vínculo pero nuestro norte está en hacer música. Desde que emprendimos este viaje juntos hay algo funciona. Recibimos el apoyo de la gente y también de los pares músicos.
Es lindo sentir que esto que hacemos con la música le guste a la gente. Estamos muy felices y agradecemos este reconocimiento.

















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