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viernes, 13 de febrero de 2026

Spinetta, el combustible del Jardín de gente

 

 


El 23 de enero es el Día del Músico Argentino. Desde hace siete años en Corrientes se realiza el
Festival Música del Jardín de Gente. Este año en torno al festival trabajaron cerca de cien personas entre músicos, cantantes, técnicos y responsables de la logística desplegada en el Patio del Espacio Mariño. El festival se realizó a fines de enero y allí charlamos con Ale Marasso, Ceci Mutio, Gabo, Juan Manuel Tannuri, Tomi Courtis, Isa y Emilio Del Guercio. "Me fascinan muchos artistas. Pero en Spinetta hay una forma cósmica que me atrapa. Veo en él una genialidad única. Es un mundo que abre puertas de forma permanente", agregó.


Por Paulo Ferreyra /// Editor - Facundo Binda

Fotos - Que sea Rock

El Espacio Mariño en Corrientes volvió a ser escenario del 7° Festival Música del Jardín de Gente. Fueron dos días muy intensos. Pletóricos de música y poesía. “Este año aumentamos la apuesta del festival. Por eso tuvimos que cobrar una entrada. Estamos muy agradecidos a todos por estar y acompañarnos. A muchos músicos tengo que agradecerles por estar acá. Empiezo por Juanma Tannuri, es una pieza clave del festival y quiero agradecerle públicamente por estar este año”, deslizó Ale Marasso en el inicio de la primera jornada.

 

Además de ellos dos como piezas claves del Festival, estuvieron Ceci Mutio, Tomi Mutio, Tadeo Moran, Rocío Lens, Ángel Díaz, Nico Anocibar, Mahi, Karaya, Billy Fernandez, Felipe Fernandez, Enzo Dure, Juani Fleitas, Gabo, Julian Scofano, Joel, Yaya, Vicky Porfiri, Nicolas Ingold, Isa Insa, Pablo Getzrow, Ivan Luque, Ianis Ian, Leo Budzovsky, Nat, Pablo Delvalle, Tajy, Avalos, Tomi Barrios, Euge Regúnaga, Gime Torn, Nico Frank, Juan Mateo, Chuki Acevedo, Aletito, Ivan Marieff, Puchito, Franco Vg, Tomi Courtis, Gabi Cabral, Laureano, Leo Tabu, Kevin Delbon, Maxi Fagetti, Ema Sanauria, Ceci Baez, Wini Harvey, Lalo Aguilar, Mane y Coro Del Jardín De Gente.

 

Será feliz tanta lluvia y luz

 

En una crónica de un festival tan potente y jubiloso, es difícil hablar qué pasaba en cada tema o que reacciones despertaban algunos temas. Para quienes estuvimos ahí nos quedaron resonando diferentes temas o varios temas. Quizás como muestra pueda comentar que mientras en el piano destellaban los acordes de Alma de diamante, entre el público se suscitaban los sapukái. Sí, un tema de Spinetta hacía que la voz del cuerpo se expresara.


 

Entre el público se alzaban diferentes voces. ¡Vamos profe! Sapukái de nuevo y después silencio, un mutismo que permitía que los presentes nos empapáramos de cada oración. “Aunque tu decisión una lágrima haga caer, sos alma de diamante. Sos alma de diamante”.

 

Para algunos la festividad se redobla. Isa, por ejemplo, hace dos años seguidos que festeja su cumpleaños en pleno festival. “Lo celebro cantando con gente linda y talentosa. Es un gran regalo”, afirmó. Ella cantó varios temas, entre esos estuvo Ilumina mis ojos con el Coro del Jardín de Gente.

 

Llueve con sol. La música riega. Entre el público se despiertan expresiones como Bueno, Hermoso, Belleza, Bravo. “Esto eleva el alma y el espíritu”, me dice alguien mientras bebemos algo. En el Patio hay mucha gente joven. Tanto en el escenario como en el público. “La sensibilidad es importante. Pienso que para hacer artista hay que ser vulnerable y abrir el corazón”, desliza una cantante en el escenario, tras un silencio breve una guitarra larga los primeros acordes de una canción – poema.

 

Será feliz tanta lluvia y luz

 

Uno de los tecladistas que participaron fue Francisco José Ríos. Muy joven. Él comentó que este año se sumaron más músicos y músicas a esta propuesta. "Internamente dentro del Festival se ha formado una comunidad", confesó.

 

Una de las características del festival es la juventud. Muchos incluso no vieron a Spinetta en vivo. Al respecto Francisco dice que eso es normal porque muchas veces oyen la música que tienen sus padres, y de la memoria viva sobre los músicos que marcaron una cultura en nuestro país. Hay gente que escucha a Mercedes Sosa, Jorge Cafrune, entre otros. "Parte del hecho de construir algo nuevo es revisar el pasado de la música", advirtió.

 

Francisco viene de una amistad con Ale Marasso. Tocó el año pasado. Este año para él fue un gusto volver porque siempre es un "desafío. Hay temas difíciles de hacer y eso es estimulante", agregó. "En este festival cada artista puso todo para hacer y brindar un buen show. Hay artistas muy buenos. Uno de los momentos que me interpelaron fue el repertorio del coro, fue un momento solemne".

 

Suena un teclado. Los acordes de una guitarra se amplifican. Algunos murmullos se alzan en distintos espacios del Patio del Espacio Mariño. "Gracias por estar acá en el Jardín de Gente. Esto es en definitiva un montón de músicos muy talentosos, son mis amigos y estoy agradecido por su presencia. Es muy lindo estar acá haciendo esto. Los aplausos también son para ustedes por acompañarnos", les dijo Ale Marasso desde el escenario a los presentes.


 

Será feliz tanta lluvia y luz

 

 

Ale volvió este año a invitar a una gran cantante. Ceci Mutio tuvo participaciones individuales y dirigió el Coro. Esto se sumó al festival y en cada nueva edición sigue creciendo. Ceci recordó las primeras ediciones en Lo de Mari, un espacio cultural que ya no está en Corrientes. Contó que después del fallecimiento de Rodrigo Galarza se comenzó a trabajar en hacer arreglos corales sobre el repertorio de Spinetta. Lo de los arreglos es una idea que comparte Ale Marasso con Billy Fernández. Hace dos años aparecía por primera vez el coro en el festival y en esa ocasión Ceci fue coreuta.

 

Después de aquella primera irrupción del Coro la dirección del mismo pasó a manos de Cici Mutio. "Agarré las riendas el año pasado. Las obras ya estaban pero este año sumamos un tema más, Ilumina mis ojos", contó la cantante y compositora. Al mismo tiempo agregó que muy rápido se puso a trabajar para convocar la gente. Los arreglos de los temas lo habían hecho Billy y Tomi Mutio.

 

"Este año quería que hubiera más cantantes. Hubo gente que también se acercó y me dijeron que querían estar. Personas que tienen experiencias, otros que no leen partituras y otros que por primera vez armonizaban con otras voces en un coro. Hicimos muchos ensayos y trabajo duro para que todo salga lindo", destacó. Hubo mucho trabajo, mucha energía y muchas horas puestas para que todo salga de la mejor manera.

 

"Todo salió hermoso. Hermoso", subrayó Ceci y su voz se volvió dulce, musical. "Para nosotros era muy importante que salga bien. La voz es un instrumento que tiene sus fluctuaciones y que está condicionado al momento. A pesar de los ensayos que haya en el momento pueden pasar cualquier cosa. Nosotros estuvimos desde temprano concentrados, vocalizando y conectados, porque el grupo es muy lindo".

 

El repertorio del Coro puso un tinte especial durante el festival. Mientras cantaban despertaron emociones en el público. El silencio se expandía como un manto que abrigaba al coro de voces. Ese número artístico dejó un momento solemne. Complementó el gran marco del festival.

 

"Hay muchas propuestas del festival que nos invitan a descubrir temas y discos de Spinetta. Eso es lo que hace grande su música. Nosotros seguimos descubriendo cosas de una generación que no es la nuestra", agregó Ceci. "Creo que muchos coincidimos en que su cosmovisión, su lenguaje y la música que hacía nos conmueve. En lo personal me gusta la etapa spinetteana del 2000 pero si voy para atrás también me gustan muchas cosas", cerró. La autogestión y el carácter de una mirada de hacer música desde los jóvenes primó en esta edición. Ceci también hizo temas individuales, su versión de Parlante fue de mucho vuelo.

 

Será feliz tanta lluvia y luz

 

Tomi Courtis agregó que es un sentimiento hermoso ser parte de este festival. "Estoy desde el primer momento. Fue en un cumpleaños cuando Ale quiso hacer un homenaje a Spinetta. Desde ese momento estamos todos involucrados con Tomi Mutio, con Ianis y muchos más. En aquel momento estaba Rodrigo Galarza. Ser parte de esto es un sentimiento hermoso. Acompañar a Ale y acompañar también este sentimiento colectivo de lo que siente la gente por el flaco multiplica las emociones”.


 

Desde aquella primera edición del Festial Tomi su labor en el Festival fue encargarse del sonido de las teclas. También se ocupó del sonido en general. Este año destacó que descansó un poco ya que Leo Tabú hizo un gran trabajo en el sonido. El músico contó que de los temas que interpretó le gustó mucho Donde no se lee, del disco Los ojos de Spinetta y Los socios del desierto.

 

Por su parte el joven saxofonista Gabo expresó que ser parte del festival es algo muy importante. “Es muy lindo. Soy un fanático acérrimo del Flaco. Soy fanático desde hace mucho tiempo y estar acá me toca el corazón. Me encantan todos los temas de todos los proyectos que tuvo el Flaco.

 

Gabo toca el saxo y explicó que es muy difícil hacer temas de Spinetta desde el saxo. "Es dificilísimo", aseguró y suelta una expresión de asombro donde sus ojos se encienden tanto como los dos rayos de sol. "Es difícil porque nosotros tocamos en Banda Spinetta, y Banda Spinetta en vivo usaba el saxo pero no en los temas que están grabados en los discos. Así que tuvimos que hacer adaptaciones. Metimos muchas improvisaciones. Me costó mucho pero lo pudimos hacer y lo sacamos adelante”.

 

Cuando le pregunto a Gabo qué es lo que más le gusta del Flaco suelta una palabras como diciendo, ¿qué me estás preguntando? Sin embargo no se achica para nada y me responde, "me gusta su música, su filosofía y su forma de ver la vida. Escucharlo hablar; siempre me llegan sus palabras. Me gustan muchos temas".

 

Mientras hablamos se repite el mantra de comunidad. Pasa alguien y saluda, se abraza y sigue. Un pase de mano o un beso, vuelve otro abrazo. Gabo regresa a mí y afirma sin titubear, "esto es lo que sigue generando el Flaco. Él falleció cuando yo era muy chico. Tenía cuatro años cuando falleció el Flaco. Pero a mí me alegra ver la influencia que sigue teniendo hoy en día. La cantidad de músicas que se organizan para estar en este festival. La cantidad de gente que hace lo mismo para acompañar o simplemente venir a escuchar a Spinetta". El interpretó, entre otros temas, Donde está topacio.

 

 

Será feliz tanta lluvia y luz

 

Los músicos juegan con los sonidos. Amasan sus instrumentos. Algunos llegaron con hinchada propia. Los músicos acentúan algunas cuestiones de cada tema haciendo la versión original. Las variantes de los vocalistas pusieron de relieve la poesía. Hubo pasos muy lúdicos como la participación de Pablo Delvalle. En otros casos, la sola presencia de Tajy sobre el escenario ya despertaba aplausos antes de escuchar el primer acorde, una marca ya registrada en la música del chamamé interpretando a Spinetta.

 

Aplausos y lluvia de aplausos. Los aplausos, las ovaciones y expresiones como “qué lindo”, “belleza”, “vamos Ceci”, “grande Tomi”, entre otras, regaron varios momentos de los dos días de concierto. Durante las pequeñas pausas, que ocurrieron cuando después de la primera parte de los shows en El Patio se pasaba a Sala, el alboroto gozoso de voces se alzaba por todos lados. De a ratos se lo veía a Ale Marasso moviéndose subrepticiamente de un lado a otro, cuando alguien lo interceptaba el regalaba un sonrisa y seguía. Él estaba atento a los detalles, el “imperfecto” que busca incansablemente la perfección.  

 

 

En el escenario los jóvenes y más jóvenes interpretaban Cheques de Spinetta y Los socios del desierto. Detrás los músicos se movían, algunos habían bajado recién y otros esperaban su turno para seguir en esta spinetteada única en la región. 

 

"No     queda         mucho      de     mí      para      hablar"; así resumió en palabras el gran pianista Juan Manuel Tannuri. Es dueño de una belleza tejida entre sus virtudes como músico y esa calidad humana de mano tendida. Lleva una sonrisa contagiosa y una excusa perfecta para no aceptar entrevista, su voz parecía venir de un teléfono de larga distancia. 

 

A pesar de su dificultad para hablar, quiso dejar su impresión. "Ser parte de este festival, hacer la música de Luis es responder a esa influencia que ha significado para mí como músico. Todos los años participar del festival me hace aprender algo nuevo y eso es increíble. Lo escuché mucho y amo escuchar su música en este Festival", destacó. 

 


Con Juanma – como lo llaman todos - nos reímos. Está embargado por la emoción. Él me trae la data de que son alrededor de sesenta músicos celebrando a Luis. Muchos de ellos, una gran parte de los jóvenes, fueron formados en el Instituto de Música de la Corrientes, una Institución Pública. "Muchos músicos del Instituto y de la escena correntina de la música están en el Festival. Creo que es una cosa hermosa que reúne mucho a los músicos y nos hacemos comunidad", afirmó. 

 

Juan Manuel Tannuti y Ale Marasso interpretan muchos temas a lo largo de los dos días del festival. "Somos los que más tocamos y estamos medio en todo. Amamos esta música. Este año incorporamos obras de un disco que se llama A dieciocho minutos del sol. Esto es lo que más me gustó este año porque fue muy desafiante y eso está muy bueno. Aportamos algo nuevo", destacó ya casi con el último hilo de voz que le quedaba.

 

Será feliz tanta lluvia y luz

 

A Isa la veía ir y venir de un lugar a otro. Interpretó canciones increíbles. Ya en la madrugada del domingo, cuando él festival había terminado, con el rostro rozagante de alegría me regaló un instante.

 

Primero que nada hay que decir que el segundo día del festival pasó en presencia de Emilio Del Guercio. Estaba detrás del escenario. “Me escuchó. Me felicitó y eso ya hizo todo porque este día no me voy a olvidar nunca más en mi vida. Además, escuchar a la banda divertirse es hermoso. Ale lo dijo, todo esto es una fiesta y vale todo el esfuerzo que hicimos para armar este festival. Estoy muy emocionada”, manifestó con la voz engalanada.

 

El repertorio que interpretó lo eligió Ale. Hizo temas de Pescado Rabioso que tiene mucho impacto y que les gusta a ella y a nosotros. Interpretaron Post-crucifixión, Como el viento voy a ver, Poseido del alba, Superchería, Despiértate Nena entre otros. "Es una selección para recordar y cantar los temas de Spinetta", destacó.

 

El Festival Música del Jardín de Gente tiene una dinámica muy alta, hay sets donde los músicos suben al escenario e interpretan un tema y se bajan. Suben otros. En ocasiones se quedan e interpretan dos temas y se bajan para volver al escenario más tarde. Mientras aguardan su turno y dejan el escenario se cruzan abrazos afectuosos, besos, abrazos, miradas cómplices.

 

"Siento que este Festival está armando en base al amor por la música de Spinetta. Cuando aprendemos a ser vulnerables frente a la gente se arma algo en conjunto y conectamos. No estamos disociados los músicos de lo que le pasa a la gente. Aquí pasa algo importante - se detiene Isa para componer su voz de cielo - este festival no se trata tanto del show ni de la superioridad de los músicos sino de que todos estemos conectados. El amor que se vive detrás del escenario es fundamental para todo. Hay personas que laburan ocho o doce horas para que todo salga bien".

 

Será feliz tanta lluvia y luz

 

 

Con Ale Marrasso nos sentamos en el patio del Espacio Mariño. Había una lluvia de murmullos que brotaban de las personas que seguían en el patio después de finalizado el concierto. Él cruza las piernas. Le acercan el último - sin metáfora - el último sándwich de la noche. Antes había comido unas almendras y una manzana. Eran cerca de las cuatro de la mañana y el cansancio se cernía en sus ojos, en el movimientos de sus manos y en su voz, que a medida que charlamos se anudaba entre el susurro y en palabras que caen como granos de arroz.

Cuando tenía 15 años Ale entró a la obra de Spinetta por Almendra. Recordó que muy rápido le tomó el gusto a temas como A estos hombres tristes, Fermín y Laura va. "Entre los 15 y 17 me metí en ese universo de Spinetta de una manera explosiva", recordó. En tiempo donde escuchaba mucha radio, las FM de Corrientes le acercaron y le abrieron las puertas a los sonidos de los años 80.

"Me fascinan muchos artistas. Pero en Spinetta hay una forma cósmica que me atrapa. Veo en él una genialidad única. Es un mundo que abre puertas de forma permanente", agregó.

El Festival Musical Jardín de Gente hubo cerca de cien personas trabajando entre músicos, cantantes, técnicos, más toda la logística desplegada en el Patio del Espacio Mariño. Varias personas destacaron su labor para definir y para presentar cada cuadro musical que repasó la historia musical de Luis Alberto Spinetta.

Ale sigue comiendo. Le acercan algo para beber. Él comparte. Cuenta que en la propuesta del festival ahora hay cosas que se repiten de otros años. "Hace siete años que hacemos esto y eso es mucho. Hay temas que son imprescindibles hacerlos, y nosotros queremos tocarlos. Este año hubo temas que en dos días lo sacamos. Además, a eso hay que agregarle que estoy rodeado de gente muy talentosa. Yo no tengo tanto talento musical pero tengo ese ojo para escoger a los invitados. Es como ser un DT. Además, funciona como semillero", relata sobre algo que se dice en los pasillos del festival: Ale tiene buen oído y buen ojo para escoger a cada intérprete según el tema de Spinetta a interpretar..

Viene alguien, saluda. Ale se levanta y saludo, hay abrazos y pequeños diálogos.

 

— ¿Disfrutaste?

— Un montón.

— Gracias por tu ayuda. Sin ustedes no existiría el festival. Gracias

 

Habían llegado tres músicos para despedirse. Ale sonríe, me susurra que uno de los músicos es muy talentoso y solo tiene 17 años. “Lo que toca es una bestia”, desliza.

 

Ser parte del Festival Música Jardín de Gente crece año tras año. Se suman nuevos músicos mientras algunas propuestas musicales se consolidan. Cada año hay músicos que se quieren sumar y eso es una espada de doble filo para Ale Marasso. Ale aclara que el Festival no es una plataforma para mostrarse como músico. El formato de este año fue similar al formato del año pasado pero mejorado.

 

La noche crece. A medida que hablamos Ale trata de bajar la tensión. Siente la responsabilidad de gestionar la energía que genera el Festival y aunque no lo diga abiertamente eso le pesa. El se define como una persona imperfecta pero al mismo tiempo es muy perfeccionista. Esa búsqueda por la excelente llevó a que el ex-Almendra se sorprendiera por la calidad del Festival.

 

"Este Festival es un lugar precioso", expresó Emilio Del Guercio a este cronista. "Hay mucha onda de la gente. Me encantó las versiones que hicieron de los temas de Luis. Todo estuvo muy bien hecho. Las canciones estuvieron muy bien hechas", resaltó y agregó, "me voy muy contento. Hay pocos lugares fuera de Buenos Aires que lo honren a Spinetta de esta manera. Me voy muy contento porque los temas que sacaron lo hicieron muy bien. Los temas estaban bien tocados, con los arreglos originales y eso me sorprendió. Además, sonó todo muy bien. Nosotros sonamos muy bien".

 

Vuelvo a la charla con Ale Marasso. La palabra se extiende en los detalles que pone en valor el trabajo de gran parte de los músicos que hace el festival. "Aquí es rock y precisión. Algo que aún no logro en darle un giro poético. Me encanta la poesía y siento que acá eso sigue dando vueltas en mi cabeza. En algún momento lo voy a concretar", afirmó y nos remontamos a la búsqueda de estrellas de Spinetta. Un recurso para apropiarse de la palabra y dejar que eso nos transforme.

 

Será feliz tanta lluvia y luz

 

Fluyó la música. Hubo calor humano. Belleza de soles de noche. En las redes sociales viven varias fotos y videos de dos noches donde florecieron las obras de Luis Alberto Spinetta. Suceden los días y la pulsión de viento penetró corazones. El Jardín de Gente.



viernes, 6 de febrero de 2026

Yuliana Ortiz Ruano: Para contar una historia de terror es necesario encontrar un espacio luminoso”

 

 

Yuliana Ortiz Ruano - Foto Adriana Gómez

La escritora ecuatoriana publicó su primera novela, Fiebre de carnaval. En esta charla contó cómo surgió la voz de Ainhoa, sobre por qué le interesa y se ocupó de escribir sobre infancias. Ella trae su realidad y nos narra todo desde el espacio luminoso de la literatura. “La mayoría de las cosas que tenemos en el plano físico se imaginaron primero. Creo que es importante pensar en esa dimensión casi conjural y brujil del lenguaje. Vivimos hoy una realidad completamente distópica”, aseguró. Además, contó que significa para ella el carnaval.

 

Por Paulo Ferreyra

Foto de Adriana Gómez

Ilustración de Angelica Liv

 

La poeta y escritora empezó a escribir unos borradores allá por el 2018. Venía de publicar poesía y este era un proceso más ambicioso, escribir su primera novela. Cuando llegó el año 2020 y empezó la pandemia revisó sus lecturas. Por ese tiempo estaba leyendo mucho sobre infancia y la mayoría de sus novelas de cabecera tenían a la infancia, un niño o una niña como centro, ya sea como narradora o como personaje principal.

Recordó algunos libros como Papi de Rita Indiana, La maravillosa vida breve de Óscar Wao de Junot Díaz, entre otras. En ese contexto Yuliana comentó que si quería escribir una novela donde una niña hable del carnaval, donde además se revele el trasfondo del abuso sexual y del sistema de dolarización de Educador tenía que traicionar al sistema adultocrático.

Así fue como Yuliana encontró la voz de su novela, Ainhoa. Aquí una niña cuenta la historia en primera persona y lo hace por dos razones. En principio porque en contextos de crisis económica las infancias son dejadas de costado. La crisis de Ecuador a finales de 1990 y principios de los 2000, cuando el dólar incrementó de una manera bestial el precio de la vida muchas personas salieron a las calles a trabajar. Ese marco de situación económica nunca se contó desde las infancias.

Durante la charla, Yuliana explicó que “que las crisis económica nos atraviesa de muchas maneras. De hecho, hay un montón de violencias alrededor de esas crisis que acontecen en los cuerpos infantes que todavía no se han contado. Hablo ya no solo de lo que acontece en mi país sino también en lo que ha atravesado la humanidad. Así que es interesante pensar en la voz de la niña, porque usualmente el cuerpo de la niña es un cuerpo que además está atravesado por el género”.

La voz de Yuliana por momentos se hace pausada. Piensa en voz alta y reflexiona sobre todo lo que rodea a las infancias. Su ejercicio de escritura fue interesante ya que traicionaba su voz adulta. Ponerse en la voz de la niña fue lo primero que hizo cuando comenzó a darle forma a la novela.

“En un punto fue difícil porque cada vez que entraba a la escritura tenía que volver a leer todo porque esa era la única forma de poder sostener esa voz. Fue un ejercicio necesario y un ejercicio duro. Al mismo tiempo fue un ejercicio muy gozoso. Fue gozoso porque la ficción nos permite mirar o recorrer una geografía afectiva desde una mirada externa”.

Ese lugar de la infancia también es creativo, lúdico y eso fue crucial para Yuliana. Ella entendió muy rápido que las infancias aún en territorios hostiles y de guerras se permiten jugar. “No es que el infante no sufra la economía o las cuestiones que están atravesando en la sociedad. Las sufren pero siempre van a encontrar un espacio, una instancia, aunque sea evanescente y pequeña para el juego”.

 

— Justamente el juego es una de las cosas que perdemos en la adultez.

 

— Ese fue un gran reto para mí pero creo que esa capacidad de juego es la potencia de lo infante. Pensar la voz infante también es volver a una instancia gozosa de la literatura. Me he profesionalizado en el campo de la literatura. Escribí textos académicos. Pero la voz del infante me recordó que empecé a profesionalizarme en la literatura porque me gustaba contar historias. Me gusta leer y escribir. El acto de contar historias era un acto de juego.

Había ahí un ludicidad que primaba en ese acto. Para mí la escritura tiene que volver a ese espacio de juego. Pensar en esas historias desde una instancia del juego. Lo que hice fue llevar un poco al límite el lenguaje para jugar y no pensar tanto en la efectividad.

Estudié escritura creativa y usualmente dentro de la escritura creativa se habla de la idea de lo efectivo, se trabaja en cómo hacer efectivo esto que estoy contando. A mí a veces esos sistemas me parecen muy adultocéntricos y rígidos. Mi intención con la novela era volver a esa ludicidad para desde ese lugar pensar en el juego y en el error. Los niños juegan y se equivocan. Me parecía y me sigue pareciendo necesario equivocarme también, como jugar y equivocarme, como caerme y levantarme para seguir jugando.

 

— El gran contexto del carnaval jugó ahí un papel importante, ¿te permitió potenciar esa idea de juego?

 

— El Carnaval es una fiesta plebeya que caló hondo en el Caribe y en Latinoamérica. El carnaval es una fiesta profundamente social, subalterna y que nos ayuda a tejer vínculos jocosos que subvierten el día a día en el que se convirtió la adultez.

Ecuador es un país bastante peligroso y bastante permeado por el hecho de que no hay quien cuide la vida. No te cuida la policía y no te cuida el estado. Estamos tomados por las políticas y por las economías ilícitas del narcotráfico y del conflicto armado. En este contexto los movimientos que haga una mujer, por ejemplo, van a ser movimientos infantilizados y si te pasó algo siempre será tu culpa porque tú tomaste. Hoy salir a habitar el espacio público en países peligrosos como el mío termina siendo una decisión que te puede cobrar la vida.


El carnaval nos recuerda la potencia de los niños y del juego, no como como algo que vaya a romper realmente para siempre los sistemas de opresión, pero sí en ese gesto de jugar, de festejar y de rozar los cuerpos. Ecuador y Colombia son sociedades muy estratificadas. En cambio en ese tiempo de carnaval se vive un momento de evanescentes que permiten otro tipo de tacto y de encuentro.

En Barranquilla el colectivo del carnaval dice que El carnaval es un país que nace y muere cada año. Es un país. A mí me gusta la idea de patria carnavalera porque son momentos en los que tú puedes ser abiertamente libre, donde no hay un código de vestimenta como tal, donde puedes divertirte, jugar, incluso con tu género, jugar con la máscara, jugar con el disfraz y jugar con el agua, bailar.  

Para mí el carnaval es un instante trágico y festivo en sí mismo. Es festivo pero después esos cuerpos tienen que volver a una normalización, tienen que volver a las casas y van a dejar esa festividad. Pero de todas formas algo sucede con ese flujo que es necesario que vuelve cada año con más fuerzas. Por ejemplo, creo que para contar una historia de terror es necesario encontrar un espacio luminoso.

 

“Bailar es escuchar con la cintura”

 

El libro de Yuliana Fiebre de carnaval es profundamente musical. Por un lado pro las referencias musical que están explicitas e implícitas a lo largo de toda la novela. Además, es un libro musical por ese juego exquisito que hace la escritora con el lenguaje. Entre diálogos y narraciones, entre las muchas frases que subrayé de libro está esta – bailar es escuchar con la cintura.

Yuliana comentó que la literatura para ella es escucha. “La lectura es central en mi vida pero también lo es la escucha”, subrayó. Ella destaca la escucha desde ese órgano que no tiene párpados, desde el oído absoluto y desde esa capacidad sin freno que tiene y le permite escuchar música a mucha distancia.

Creció en Esmeraldas, Ecuador, donde la música es un sol que baña todos los tiempos. En espigó en un barrio proletario donde los espacios de festejo son sumamente centrales y necesarios. Tiene en su región un fuerte vínculo con el Caribe, el Caribe colombiano pero también de Puerto Rico y Cuba. Ecuador es un país andinocéntrico donde un porcentaje alto de su población es afrodescendientes. Además, hay una Amazonía gigante.

Esa mirada al caribe es esencial. “Siendo niña la música fue la primera escuela donde aprendí sobre todo lo que significa ser afrodescendientes. La música es un espacio de celebración y de aprendizaje”, deslizó. De esta forma la poeta y escritora cuenta que aprendió sobre historia de la comunidad negra a través de la música, no a través de la escuela. “La educación escolar era racista, deshistorizaba a los negros”.

Los nombres llueven en la memoria de Yuliana y arma un mapa mental. Se entusiasma. “La música siempre ocupó un lugar central en mi vida tanto como la literatura”, afirmó y su voz juega en distintos planos. Yuliana por momentos desarme el lenguaje para que el sonido se amplifique en diferentes planos. Le gusta que el sonido sea envolvente, que ocupe todos los espacios y que todos podamos escuchar de la mejor manera.

Esa fascinación de Yuliana por la música potencia su literatura a un ritmo encantador. A esto ella agrega que “el ritmo es central a la hora de pensar el aporte de lo negro y de lo africano en el ritmo. El Caribe sigue amplificando los parlantes del mundo en la forma en la que canta, las palabras, son palabras que están completamente atravesadas por una historicidad negra”.

Yuliana Ortiz Ruano - Ilustración de Angelica Liv

  

“La poesía es el mar del que bebo”

 

Fiebre de carnaval es un libro poético. Yuliana antes de sumergirse a escribir esta novela ha publicado libros de poesía y lo más nuevo que publicó, también es poesía. “La poesía para mí es la posibilidad de hacer del lenguaje algo más que lo mero utilitario. La poesía me permite un hacer que va más allá del significado y del significante. Me permitirme trabajar una orfebrería con el lenguaje. Además, se conjuga ahí la posibilidad de escuchar y abrir el oído a lo cotidiano”.

 

Ella viene de un entorno de agua. “Soy isleña. La literatura que me interesa es una literatura pasada por agua. En la literatura caribeña el agua tiene mucha presencia, eso permite un tránstio, un flujo y soltar este cuerpo vivo”, destacó.

 

— Abordas acá infancia, violencia hacia las infancias, familia, entre otras cuestiones. ¿Hubo algún tema que en el proceso de escritura te apareció sin que te lo propongas?

 

— Lo importante para mí era no hacer ese ejercicio de traducción que siento que hago cuando escribo. Soy de una zona de Ecuador que tiene sus propias palabras. De hecho, tenemos palabras más cercanas al Caribe, palabras que se escuchan en el reggaeton pero que mi abuela las usaba de manera cotidiana.

 

Cuando escribo poesía siento que hago una intervención traductoria. Esto se llama disglosia cultural. No es diglosia lingüística, que tiene que ver con el acto de cuando alguien habla una lengua materna en la casa y usa otra lengua pública o estatal. A pesar de que todos hablamos castellano hay una diglosia de la lengua.

 

En Fiebre de carnaval lo que hice fue no traducirme. Creo que los argentinos en la literatura son un ejemplo en ese sentido de no traducción. Los argentinos encuentran sus propias palabras, ponen sus propias palabras sin estar pidiendo permiso ni perdón. A mí me parecía que era importante que yo también lo haga. En este sentido creo que escribir es crear una lengua. Aquí yo necesitaba crear una lengua en la que la gente dijera, "Ah, esto es Esmeralda. Esto es Ecuador". Usé un lenguaje propio porque también es una novela y yo podía tomarme estas licencias, tal vez en un texto académico no lo pueda hacer.

 

 

“El lenguaje crea mundos”

 

“La mayoría de cosas que tenemos en el plano físico se imaginaron primero. Creo que es importante pensar en esa dimensión casi conjural y brujil del lenguaje. La posibilidad de intervenir las realidades”, afirma Yuliana y es eso lo que ella hace precisamente en su novela.

 

“Nosotros estamos en una realidad completamente distópica. Vivimos un presente absolutamente distópico. Hace poco estuve en Austin y ahí hay carros que se manejan solos, hay Teslas, después en California había estos carritos que van solos a dejarte la comida del delivery. Ese futuro no lo quiero. Tal vez para nosotros el futuro no sea imaginar carros que vuelan o carros que se manejan solos, sino imaginar un espacio sin armas, un lugar donde las drogas sean legales para que no exista el narcotráfico, un lugar donde dejen de sembrar monocultivos de coca”.



jueves, 29 de enero de 2026

María José Navia: “Leer es una de las formas más lindas de la felicidad”

  


Ella es escritora y lectora o quizás lo mejor sea decir que ella leeescribe y escribelee. Para ella esos verbos no están disociados, van juntos, pegado uno al lado del otro/a. En esta oportunidad la entrevista pasó por su afán de recomendar libros. “El disparador para recomendar libros es siempre la felicidad de leerlos. Misma felicidad que me pone frente al computador para escribir mis propios libros o reseñas de los libros de otros. Esa sensación de “esto es increíble”, afirmó.

 

Por Paulo Ferreyra

Fotos de Isabel Wagemann

 

Ella es lectora, escritora, docente universitaria, miembro de la Academia Chilena de la Lengua, entre muchas otras cosas donde reparte su tiempo. Le debo a María José Navia muchas, tantas y tantas buenas lecturas que es difícil nombrar todo. Alguna vez Rodrigo Fresan escribió que “leer dentro de un libro ayuda a no ver dentro de una casa. Leer abriga y ahí afuera hace tanto frío”.

 

... I love this life,

I whisper into my doctor’s stethoscope

 

so she can hear my heart. My heart, an heirloom

I didn’t inherit until I thought I could die.

 

...me encanta esta vida,

Le susurro al estetoscopio de mi médico.

 

para que pueda escuchar mi corazón. Mi corazón, una reliquia

No heredé hasta que pensé que podía morir.

 

Fragmento del poema En la sala de quimioterapia, uso guantes hechos de hielo de Andrea Gibson (1975-2025)

 

María José Navia es magíster en Humanidades y Pensamiento Social por la Universidad de Nueva York y doctora en Literatura y Estudios Culturales por la Universidad de Georgetown. Publicó Sant, Instrucciones para ser feliz, Lugar, Una música futura, Todo lo que aprendimos de las películas, Kintsugi (libro que ya fue traducido al portugués y seguramente seguirá ensanchando su camino por el mundo.

 

Hace una semanas atrás intercambiamos palabras vía redes sociales.


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— ¿La lectura es tu lugar en el mundo? ¿Por qué?

 

— Porque me hace inmensamente feliz. Soy tímida y en los libros hay una alegría. En los libros hay incluso una compañía que no está en otros lados. Encuentro ahí una efervescencia. Es un refugio pero también es un trampolín para volver al mundo porque recomendar es también eso.

 

— Hace tiempo haces recomendaciones de libros, ¿cómo empezaste? o ¿cuál fue el disparador?

 

— El disparador es siempre la felicidad de leerlos. Misma felicidad que me pone frente al computador para escribir mis propios libros o reseñas de los libros de otros. Esa sensación de “esto es increíble, quiero que lo lea todo el mundo para seguir conversando de esta historia, para que siga en el mundo por siempre”.


 

— A la hora de recomendar un libro, ¿Podés contarnos tres claves que siempre tenés en cuenta?

 

— Siempre recomiendo libros que me han gustado mucho. Me gusta celebrar que existen en el mundo. Me gusta recomendar libros de autores con un estilo inconfundible, con un trabajo preciso y precioso con el lenguaje, o que están tratando de hacer cosas distintas con el género. Disfruto especialmente recomendar libros de cuentos.

 

— ¿Las redes son una distracción para vos?

 

— A mí las distracciones tecnológicas siempre me llevan/traen de vuelta a los libros. Las plataforma estrenan adaptaciones de libros, las redes sociales están llenas de recomendaciones, todo me hace estar regresando a la lectura. No me alejan nunca, la verdad.


 

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“Escribo porque me hace inmensamente feliz”

 

Para María José leer es una de las formas de la felicidad. Escribir la hace inmensamente feliz. Comentó que los títulos suelen ser un gancho para tomar un libro, aunque la prueba de fuego pasa por las primeras páginas y los epígrafes.

 

Entre las grandes lecturas que le debo a María José están los libros de Rodrigo Fresán. Leí y escuché hablar de Rodrigo con un entusiasmo y una felicidad que no podía menos que ir tras esa felicidad que genera la literatura de Rodrigo. Entre las apreciaciones sobre la lectura y la escritura él dice que “el mejor modo para que lo que se lee perdure es su reescritura”.

 

“Coincido totalmente”, dice María José. “La relectura es el verdadero amor a los libros. Es querer volver y volver y volver a las palabras y escenas y personajes que te enamoraron o conmovieron. Y si esa relectura luego infecta la escritura, mejor aún. Así los libros favoritos se transmiten a nuevos libros y se mantiene la conversación infinita que es la literatura”.

 

Por estos días la lectora y escritora viajó a México a una residencia de escritores. Comentó que llevó pocos libros en papel por una cuestión de equipajes. “Para mi es imposible escribir sin el contacto constante con mis libros así que llevo/traje algunos de mis libros muy favoritos de Virginia Woolf, de Rodrigo Fresán y algunos sobre la obra de Georgia O’ Keeffe. Además de mi Kindle cargado con miles de libros”, deslizó y aunque no dejó impreso un jajaja puedo imaginar su sonrisa blanca, anchas de flores y mar.

 

Desde su escritura y desde sus recomendaciones María José Navia propicia múltiples diálogos. Alguna vez incluso escribió que la lectura no solo es un placer privado “sino una oportunidad para la comunicación y el intercambio. Nunca leemos solos”. Larga vida a esos diálogos.

 

Cinco libros recomendados del 2025

 

El pequeño Gatsby (de Rodrigo Fresán),

Playworld (de Adam Ross),

En la naturaleza las cosas crecen (de Yiyun Li),

A Truce That is Not Peace (de Miriam Toews)

The Gossip Columnist’s Daughter (de Peter Orner).

 

Gracias a su pasión, me regaló tres Bonus Track

Big Kiss, Bye-Bye (de Claire Louise Bennett)

El fino arte de crear monstruos (de Silvana Vogt)

Ni una palabra (de Caroline Blackwood).