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jueves, 28 de mayo de 2026

“El amor transforma y también desarma”





Tercera entrega. Esta semana concluye la muestra de arte Difícil decir adiós curada por Daniel Fischer. La misma se exhibe en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires. Están expuestas más de cincuenta obras conceptuales que permiten dialogar y profundizar las partidas, lo difícil que es decir adiós. En esta oportunidad charlamos con Marina De Caro, Delia Cancela y Carlos Herrera, quienes dejaron sus impresiones sobre la muestra, reflexionaron además sobre el contexto y la producción de arte.




Por Paulo Ferreyra

Fotos de Delia Cancela y Carlos Herrera de Lucia Bonells



Marina De Caro, Delia Cancela y Carlos Herrera tienen obras de grandes escalas en la muestra. Delia hizo una intervención en una pared con su obra que se titula Leo con derrame. Marina exhibe su obra Ser semilla que hoy le pertenece al coleccionista Esteban Tedesco, ella restauró y recuperó esta obra para que pueda ser exhibida. Por su parte, Carlos Herrera hizo una instalación de sitio específico que es una cárcel blanda - una obra que hizo especialmente para esta muestra.

Marina De Caro

  



Marina De Caro: “Prefiero establecer diálogos sobre la materia a imponer mi voluntad”



Marina De Caro es de Mar del Plata. Actualmente vive y trabaja en Buenos Aires. Es licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Buenos Aires y su formación creció a lo largo de los años por medio de talleres y becas. Es docente y ha recorrido distintas ciudades compartiendo espacios en talleres o clínicas. Sus obras están esparcidas por el país y el exterior.


En la muestra Difícil decir adiós Marina participa con su obra Ser semilla. Es una obra que realizó en el 2011 para la Bienal de Lyon en Francia. La misma había sido curada por Victoria Noorthoorn. Ahora el curador chaqueño Daniel Fischer decidió recordar esta obra - traerla una vez más al presente - y por ello llegó a esta muestra en el Centro Cultural Borges.


La obra Ser semilla pertenece a la colección Estaban Tedesco. La misma no estaba en buenas condiciones y Marina restauró la obra para que pueda ser exhibida. Si bien se consiguieron los materiales para restaurar la obra ella donó su trabajo.


— En este caso doné todo. Doné todo porque no había alternativas. Doné todo porque nadie dona nada. No es un deseo mío ser donadora. A veces se mueven las cosas porque las movemos nosotros los artistas. Nosotros los artistas ponemos el cuerpo. Tampoco es una donación porque puse el cuerpo para que sea posible. Trabajé para otro.


— como todos hoy en el país


— exactamente. Porque no quiero disfrazarme de bondad. No es bondad. Fue la única alternativa que se presentó para que la obra fuera exhibida correctamente. La tomé porque me interesaba tener esa sobre en condiciones, no por otra cosa.




Obra icónica 


Ser semilla es una obra de grandes dimensiones. Está ubicada en el acceso a la sala. La muestra permitió que la obra vuelva a salir en las condiciones y en las posibilidades que otorgó la muestra. “Daniel Fischer es un curador muy ambicioso. Le gustan las obras de gran tamaño y las obras icónicas. Él trabaja mucho en esta dirección. Esta obra tiene grandes dimensiones. No es una obra fácil y tuvo que adaptarse un poco el espacio”, agregó la artista. “Todos pusimos la mejor voluntad para que se viera bien y creo que se ve bien”.


Cuerpo y danza


Es curioso encontrarse en una danza en torno a la obra para poder abordarla en su totalidad. Pararse frente a la obra no alcanza. No es suficiente con mirarla de frente, de costado o por detrás. Hay que rodearla. Estar con ella. Convivir ahí un rato. Marina explica en la charla telefónica que hace obras de grandes dimensiones porque no tiene otra posibilidad. No. Todo le parece pequeño. 


“Sucede que bailo cuando realizo este tipo de obras. Tengo mucho diálogo con el espacio. Tengo mucha energía en el cuerpo y no puedo estar sentada. Eso es algo de mi energía expansiva que me obliga a recorrer el espacio. Trabajo mucho con mi cuerpo y trabajo con movimientos. Bailar es recorrer el espacio y es también aguardar el espacio”, explica.



Marina hace pocas pausas cuando habla. Solo por un momento busca alguna palabra para acentuar una idea o un concepto. Su energía es expansiva. Cuenta que en ocasiones hace obras de grandes dimensiones y no sabe cómo llegó a ese lugar. Entonces vienen las preguntas, ¿cómo hizo esto? ¿Cómo llegaste a ese lugar? Ante lo cual ella advierte que algunas respuestas no tiene, empero si sabe que solo poniendo el cuerpo puede llegar a una obra. 


— En tu caso esto de poner el cuerpo en la obra no es una metáfora.


— Así es. Trabajo claramente poniendo todo de mí. Pongo el cuerpo en todo. Viste que hay gente que es calma y camina lenta. Yo soy nerviosa y camino rápido. Es así. Soy de las que camina rápido y deja las migas atrás para los que vienen charlando. Yo ya fui cincuenta veces, recorrí la cuadra, fui al final y volví a buscarla. Tengo esa condición y esa manera de dialogar con el mundo. 


— Una vez en una entrevista dijiste que "la obra es un ensayo para afectar a la realidad y a la vez ver cómo eso nos afecta a nosotros". Lo seguís sosteniendo, ¿por qué?


—Si, lo dije y lo sostengo. Nosotros trabajamos con la materialidad, con la realidad en todas sus dimensiones y estamos afectándola de forma permanente. Trabajamos con una energía determinada para que tome forma y al mismo tiempo dialogamos con eso que estamos creando. Aceptamos afectivamente y emocionalmente sus formas. 


Diálogos con la materia


Marina de Caro sobre su proceso creativo cuenta que su principal característica es el diálogo. Ella entiende que con la producción nacional y con medios de producción nacional es necesario establecer diálogos con la materia - con lo real. 


“Nosotros estamos obligados a establecer un diálogo donde le proponemos a la materia un cambio y la materia nos revela sus posibilidades. No tenemos la tecnología de posición para ser dominadores de estas materias. Que por un lado puede verse como desventaja y por otro lado lo veo como humanidad. Prefiero establecer diálogos sobre la materia a imponer mi voluntad. Es una manera de producir que defiendo”, afirmó en tono serio, sin margen a la duda.


Ahí está la obra Ser semilla. En sus dimensiones se asemeja a un bosque, es inmenso. Al mismo tiempo tiende sus brazos al encuentro con su rostro de humanidad. Marina cuenta que a veces cose metros y metros de tela con costureras. Son vecinas que producen en sus casas con sus máquinas que no son industriales sino máquinas hogareñas. El trabajo queda bien y en ocasiones también puede quedar chingado porque el material no es de primera calidad y porque trabajan en sus casas. “Sin embargo, defiendo el rastro de humanidad en ese trabajo. Hay alguien detrás - una persona - hay una persona que está detrás en esta producción”. 


— Vuelvo sobre la crisis actual. A vos te tocó vivir diferentes momentos, ¿este es el contexto más difícil para trabajar en arte o hubo otros? ¿Cuáles?


— Mira, el 2001 fue un momento de quiebre donde yo hacía grandes instalaciones y me encontré completamente desarmada. Tuve que empezar a producir en dimensiones pequeñas. No dude en seguir trabajando. Ahora creo que no hay futuro. No sé si no hay futuro. Es muy difícil pensar en un futuro. No sé dónde está. No sé cuál es el camino y no sé qué tengo que hacer. Entonces, producir obra en este contexto es rarísimo.


No soy de las personas que creen en la autonomía del arte en un 100%. Creo en el arte pero no puedo dejar de estar atravesada por la coyuntura del momento. No puedo porque me transforman en mi emocionalidad y eso se refleja en la obra. 


Es un contexto complejo. Es muy complicado. Es un momento extrañísimo.



Fortalezas


Marina es una artista que hace de todo. Mira a la vida de frente. Cuenta que en estos momentos de incertidumbre hace muchas cosas: genera encuentros en su casa, invita a músicos, hace un proyecto de economía cooperativa para artistas de su generación que no tienen galerías. “Hago muchas otras cosas todo el tiempo porque así funciono. No puedo hacer otra cosa que moverme”, afirmó. En el decir de una poeta, ella es movimiento, agua que corre y se entremezcla, siente el vértigo y va en búsqueda de soles y auroras. 

Delia Cancela - Foto Lucia Bonells


Delia Cancela: "La gente se tiene que llevar puesta la obra"


Delia Cancela y Daniel Fischer se conocen hace tiempo. Daniel la invitó a exponer sus obras en exposiciones que realizó en las provincias de Chaco, Córdoba y Buenos Aires. Delia es de Buenos Aires, estudió artes en las escuelas “Manuel Belgrano” y “Prilidiano Pueyrredón”. Ella ha viajado por el mundo llevando sus obras, las mismas forman parte de colecciones importantes de arte en el exterior y dentro de nuestro país.


En la muestra Difícil decir adiós Delia participa con la obra Leo con pérdida. Sus obras con los corazones tienen su origen en el inicio de sus trabajos cuando tenía 20 años. Empezó a trabajar el corazón como el símbolo de la cosa amorosa. El lugar al que estaba delegada la mujer. Tiene obras muy emblemáticas de esa época. El primer corazón que hizo es un rompecabezas. Al mismo se le caían las partes. Esa obra estuvo expuesta en sitios importantes dentro y fuera del país. Hoy ese corazón forma parte de una colección importante en San Pablo, Brasil. 


“Reina de corazones”


Hace unos años realizó una muestra en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires bajo el título de Reina de Corazones. “Hice muchas cosas dentro del arte. Quizás lo que más he hecho fueron corazones”, deslizó en diálogo telefónico. Sobre aquella exposición ella lo recuerda con humor y ternura. Aún se ríe de esa referencia directa de reina de corazones con la obra de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll. 


— ¿Te sienta bien ser la reina de corazón?, porque es mala la reina de corazones de Lewis Carroll.


— Es reina. Es reina. Supongo que hay reinas más buenas en el camino de las reinas. Yo soy otro tipo de reina. Soy una reina sin reinado.


Responde y sonreímos. 


— Tu obra que está en la muestra se llama Leo con pérdida, ¿por qué?


— La obra es el volcán de los sentimientos. Leo con pérdida alude al signo Leo. Leo con pérdida. Pienso que lo importante cuando haces una obra es que el que la mire, la viva y la sienta. No sé si la entienda porque entender es relativo.  Una obra no es para ser explicada. Se pueden decir muchas cosas por este tipo de obras. Me parece que lo importante es que la gente la siente y que la lleva puesta.


Siempre digo: "La gente se tiene que llevar puesta la obra". Es como que cuando vos ves una obra que te toca. Es como cualquier manifestación artística, que puede ser la música, un libro, una película, una obra de arte te la llevas puesta. Te la llevas puesta porque algo te queda en tu interior. Después lo vas pensando, lo vas recordando, lo vas entendiendo. Hay cosas que pasan y que no quedan. Hay obras que no quedan y obras que quedan.



Más espacios


En la charla con Delia Cancela cuenta que el curador piensa mucho en sus trabajos y las formas de componer una muestra. El diálogo entre las obras está construido. Sin embargo, para Delia faltó espacio. “Hay obras muy buenas porque son obras con conceptos. Quizás el Centro Cultural Borges le debería haber dado dos salas para esta exposición”, afirmó. “Esta es una crítica que hago al tiempo que pienso que es bueno decirlo. Las obras son buenas, son obras con conceptos y son muy buenas. Me gusta ese disparador que trae Daniel a partir de los diálogos que tiene con sus hijos”.



“Es difícil decir adiós en todo sentido”



Para Delia el título de la muestra es una frase que marca y habla de muchas cosas. Se puede decir adiós a algo muy pequeño como se puede decir adiós a la vida. Para ella es muy fuerte y tiene un peso importante ese decir adiós. Le gusta el título porque es un título cargado que se puede expandir a muchos lados. “Es difícil decir adiós en todo sentido”, subraya. 


La artista en este punto expone por un lado las ventajas de la comunicación, ella en Buenos Aires y su entrevistador en la provincia de Misiones. Al mismo tiempo advierte sus limitaciones cuando es consultada por esas pérdidas que confiesa fueron difíciles en todo sentido. “Podría hacer una lista de excel si quieres aunque es muy difícil por teléfono. Me gusta más la presencialidad”, afirmó y giramos de tema.


 

“Soy desesperadamente optimista”


Para Delia Cancela vivimos tiempos difíciles. Dice que tiene una edad en la que las energías son difíciles de tener. Además, sufre mucho por las injusticias y hay mucha injusticia. “No sé de donde saco fuerzas. A veces no sé de dónde me viene la fuerza. Siempre digo que soy desesperadamente optimista aunque ahora estoy menos optimista. 

El título de Daniel Fischer es importante. Nos hace pensar en lo difícil que es decir adiós a muchas cosas. Creo que el hecho de tener varios proyectos por delante sostiene mi optimismo de vida”, afirmó.


Delia encuentra alegría en el trabajo. Tiene entre manos un gran abanico de proyectos en los que está en marcha. 1. Su mujer elefanta se va a convertir en una escultura de gran tamaño en el Museo Campo. 2. Está haciendo un libro de libros, algo mucho más profundo que un catálogo sobre su obra. 3. Está preparándose para exhibir obras en el exterior. 4. La convocaron para un proyecto donde van a vestir a autos de los años 60. Entusiasma con la enumeración de cosas que tiene en marcha cerró, “estoy muy feliz con estos proyectos. Estoy trabajando y me siento contenta con eso. De algunas cosas no sé qué saldrá. Sé que pueden ser divertidas. Estoy trabajando y creo que puedo seguir haciendo cosas”. 



¿Qué pasa después de los 60?


Tanto con Marina De Caro como con Delia Cancela hablamos de las edades. No lo buscamos. El tema del arte nos llevó por esa senda. 


Para Marina De Caro por ejemplo hay una cosa ahí con su edad a la cual la obligan a cierto profesionalismo. “Hay muchas y muchas preguntas que tienen que ver con mi edad y el contexto. Eso es raro. No soy una artista joven, soy una artista de muchos años de trabajo, entonces las demandas a veces tienen referencia a la propia producción. En este contexto de repente si quiero hacer otra cosa no siempre se dan las condiciones”, reflexiona.


De igual forma Marina no da un paso para atrás, al contrario, avanza. “El espacio para crear sé que me lo tengo que generar yo misma. Lo hago igual. Este año me tocó un año de menos exposición. Tengo proyectos megalómanos que hago bajo mi propia corrección de responsabilidad. Creo que el arte fracasó”, desliza y al instante vuelve sobre sus palabras. “El arte no fracasó. Lo que fracasó fue la pretensión política del arte. Necesitamos interlocutores que puedan poner en crisis todo y que no se asusten, que no tengan miedo. Me gustaría más aventuras”.


Por su parte, a Delia Cancela le preocupa la generación de artistas después de los 40, los 50 y 60. “Estas generaciones tienen que estar en plena creación, en plena ebullición y en plena construcción. Sin embargo, veo a muchos de ellos que están cooptados por la realidad. Esto es algo que vengo pensando hace tiempo”, advierte. Luego aclara que se sigue haciendo y produciendo en los 60, 70 y 80 pero las energías ya no son las mismas. “Las edades marcan”.


 

Carlos Herrera - Foto Lucia Bonells


Carlos Herrera “La posibilidad de libertad coexistiendo con algo invisible que todavía nos retiene”




Carlos Herrera vive y trabaja entre las ciudades de Rosario y Buenos Aires. Hasta el 2009 vivió en el campo. Después comenzó una investigación sobre las medidas de su cuerpo y creó un prototipo modular basado en el volumen de un prisma de madera en el que entra una muda completa de su ropa y en el que, al llenarlo de agua, puede bañarse. Esta obra se titula “Autorretrato” y despierta su interés por la acción y lo performático. La muerte, el tiempo, la locura, lo sexual, el silencio y la desaparición son temas usuales en el devenir de sus obras.


En el recorrido de la muestra Difícil decir adiós la obra que cierra es la propuesta de Carlos Herrera. Una obra hecha especialmente para esta propuesta. La estructura general evoca una cárcel: perímetro, división interna, organización del espacio en celdas. Sin embargo, ese orden se desarma en el mismo gesto en que se construye. Los barrotes no son hierro sino líneas de tela negra, delgadas, blandas, apenas tensas. No contienen: sugieren. 



En diálogo telefónico con Carlos Herrera comentó, “realicé la obra especialmente para esta muestra y eso hizo que el proceso estuviera muy atravesado por la idea de tránsito, de desplazamiento, de lo migrante y de pérdida de estabilidad, del descontrol. Me interesaba construir una estructura que pareciera firme pero que en realidad estuviera sostenida por algo muy frágil. La cárcel aparece como imagen más no como un dispositivo real de control. Eso para mí habla mucho del presente: muchas veces seguimos habitando estructuras emocionales, afectivas o sociales que ya no tienen consistencia material, pero que igualmente continúan organizando nuestra vida”, afirmó.



En ese tránsito de decir adiós Carlos nos cuestiona a través de su arte, ¿qué es lo que realmente nos retiene? ¿Qué clase de estructura seguimos obedeciendo incluso cuando ya no es sólida? Como todo gran artista Carlo nos propone una serie de piezas en esta “cárcel” en aparente desorden, sin embargo, cada detalle – hasta el más nimio – fue pensado, trabajo y conceptualizado. La cama por ejemplo, puesta ahí organiza un campo de posibilidad. La cama deja de ser lugar de descanso para volverse escena: un escenario mental donde se cruzan deseo, agresión y vulnerabilidad.


Hay muchos detalles, una botella de vino, la mesa, la silla, el pan incrustado en la pata de una silla funciona como sustitución absurda y también como gesto profundamente simbólico: alimento, cuerpo, soporte. La olla, con sus restos, insiste en lo cotidiano, en lo doméstico degradado. Comer, dormir, habitar: todas acciones básicas que aquí aparecen desarticuladas, desplazadas, sometidas a una lógica que las vuelve inquietantes.


En conjunto, la obra no construye un relato sino un campo de fuerzas. Todo está a punto de ser algo aunque nunca termina de fijarse. La cárcel no encierra, la cama no sostiene, el cuerpo no aparece, la sangre no fluye. Y sin embargo, todo está ahí, latente. Aquí le pregunto al artista por qué cree que nos es difícil decir adiós, él parece haber esperado esta pregunta y responde rápido – “creo que es difícil salir incluso cuando la estructura ya no nos contiene porque muchas veces el encierro no es físico sino emocional, simbólico o mental. Uno puede atravesar la jaula y aun así seguir adentro. Me interesaba pensar justamente esa contradicción: la posibilidad de libertad coexistiendo con algo invisible que todavía nos retiene. A veces el amor también funciona así. Incluso cuando una relación termina, quedan formas de mirar, de desear, de recordar o de construir identidad que continúan habitándonos.



No hay una conclusión o una resolución


La muestra Difícil decir adiós concluye con la obra de Carlos Herrera. Al respecto él comentó, “que la obra cierre el recorrido de la muestra me resulta muy significativo porque funciona casi como un espacio de suspensión después de todo lo anterior. No propone una conclusión ni una resolución, sino más bien una especie de intemperie. Me interesa que el espectador salga con la sensación de haber atravesado un lugar ambiguo, donde las cosas no terminan de fijarse del todo: ni el deseo, ni la violencia, ni la espiritualidad, ni la idea de pertenencia”.



Esta es la tercera y última entrega sobre la muestra. Comencé a trabajar buscando respuestas y sin embargo encontré más preguntas. Me quedan algunas certezas, como cuando Diana Schufer dijo “sin amor no hay vida. Nos narramos desde lo que hacemos, desde lo que creamos, desde lo que amamos”. Por su parte, Carlos Herrera agrega, “el amor no es una idea estable ni romántica en un sentido clásico. Es una fuerza muy compleja donde conviven cuidado, dependencia, deseo, temor, proyección y pérdida. El amor transforma y también desarma. Muchas veces uno no sabe exactamente cuándo dejó un vínculo o cuándo un vínculo dejó de existir dentro de uno. Creo que mi obra trabaja bastante sobre ese estado: algo que aparentemente terminó pero que sigue presente de una manera difícil de nombrar”. 





jueves, 21 de mayo de 2026

Claudia Gatti: “Cualquier cosa era rota en la dictadura”







Este año la artista presentó la exposición 1, 2, 3,...Pica. Fue en el Museo de Bellas Artes René Bruseau de Resistencia en el marco de la muestra Los niños y el 24. A diferencia de varias actividades culturales que se realizaron para recordar el aniversario del 24 de marzo de 1976 aquí el foco estuvo puesto en los niños, las niñas y las infancias.


Por Paulo Ferreyra


Ella tiene la capacidad de llevarte a detener el tiempo. Sus obras y sus exposiciones no son para las miradas rápidas o las pasadas fugaces. Por ejemplo, cuando realizó hace unos años la exposición de collage Las voladoras.



Ahora, en esta ocasión el límite del detalle nos hace detenernos en un jardín interno. Germinan ahí flores y espinas que punzan nuestra memoria personal y colectiva.


En su exposición 1, 2, 3... Pica el espacio doméstico de seguridad y contención familiar está detonado. A través de la representación de un acto de la vida cotidiana ella expone la irrupción del terrorismo de Estado en la intimidad del hogar. Así nos siguen resonando los hechos ocurridos en la historia argentina cincuenta años después del inicio de la última dictadura militar en Argentina.


Parado frente a sus obras hay silencio. Mientras charlamos con Claudia sobre su exposición surgen dos cuestiones que la interpelan con fuerza: Una es la dictadura del ´76 y la otra es la figura de Eva Perón, sobre la cual abordaremos en otra entrevista. 



La infancia y la dictadura


Alfredo Globo Ayala en una entrevista televisiva expresó que “el arte es la forma de explicar la dictadura a las nuevas generaciones”. En ese sentido armó en el Museo de Bellas Artes la muestra “Los chicos y el 24”, una propuesta artística colectiva que buscó acercar la memoria de la última dictadura a las nuevas generaciones. Entre las artistas que convocó Alfredo estaba Claudia Gatti. 


“Esta es la primera exposición que armé pensando para la infancia. En un momento recordé unas historias que escuché y que terminé de completar con mi propia imaginación”, reflexionó Claudia sobre cómo germinó el concepto de su exposición. 


Bajo la dictadura que comenzó en 1976 los padres y las madres sabían que estaban en riesgo. Ellos y ellas entendían que estaban en riesgo por su militancia, por su militancia incluso social religiosa o laica. Había un entramado subterráneo donde se reconocían en riesgo, en ocasiones por ser protagonistas principales de algunos hechos o simplemente por conocer gente. Del tiempo de la dictadura hay documentos donde constan que han desaparecido personas por el solo hecho de conocer otra persona. 



Nos encontramos con la artista en un bar de Resistencia. La ciudad está bañada por el sol del mediodía. Bebemos té. Ella hace un cuenco con sus manos y antes de beber mira sus ojos reflejados en la infusión. Vuelve. Alza la vista y recuerda, “la historia que había escuchado era muy breve: en tiempos de dictadura les enseñaban a los chicos a jugar a las escondidas. Así, ante la primera señal o ante el primer código familiar los chicos tenían que esconderse. Los padres jugaban a las escondidas”. 


Ese juego fue una estrategia de cuidado de salud mental. Esas eran prácticas de subsistencia o de sobrevivencia en aquel contexto. Claudia Gatti tiene muchas virtudes y obsesiones, una de ellas es que colecciona y junta material de forma compulsiva. Su virtud como artista radica en que puede visualizar literalmente algo terminado, del concepto de la obra pasa directamente a la obra terminada. 


“Encuentro un objeto semienterrado, lo observo y puedo imaginarlo ya colgado con caireles y luces. Es una forma que tiene mi cabeza de procesar la información. Les doy oportunidades a las cosas porque ya las veo convertidas en otras cosas”, sintetizó.



En ese proceso de imaginación ella tiene juguetes de distintas épocas. Juguetes en una escala que hoy ya no existen con materiales nobles. Tiene juguetes hechos de madera, pintados a mano, mesas y sillas en el mismo modelo que se usaba la mesa grande en la década de los ‘40.


En su exposición 1, 2, 3,...Pica la artista despliega niños, niñas, mueblecitos, su colección de vajillas en miniatura, escenas en movimiento, las piezas que algunas vez estuvieron sueltas y ellas juntó bajo una temática. Su taller es un vergel. Las piezas del rompecabezas que están en su taller son un huerto con lo cual ella solo tiene que producir obras.


“Para esta muestra asocié todas las piezas que tenía al juego de las escondidas. En ese juego de las escondidas quería ir más allá de la estrategia de supervivencia. Quería representar la permanencia de la ausencia, de un juego de las escondidas que no se terminó porque hay chicos que siguen estando desaparecidos. Todavía hay chicos a quienes se les sigue buscando”, advirtió. 


Esta exposición amalgama dos cosas. Por un lado cuenta una historia basada en una estrategia de supervivencia. Por otro lado, te recuerda la existencia de una historia presente. Es decir, hay un juego que aún continúa en el tiempo.




Arte


Hay una escena que está representada. Puede ser una familia que está festejando un cumpleaños. Había soldaditos que aparecían en el piso. Soldados entraron abruptamente y rompieron lo que era la reunión familiar, rompieron los muebles y los niños se tuvieron que esconder abajo de la mesa y no había nadie más, pero la mesa estaba servida.

“Había una estructura familiar, una celebración, un acto cotidiano, cualquier cosa era rota en la dictadura. No importaba qué”, sostuvo Claudia y se queda en esa palabras, “cualquier cosa era rota en la dictadura”. 


En la escena del dormitorio se observan un despertador, una mesita de luz con los botines de fútbol y la pelela, el reloj grande marcando el tic tac. El reloj anunciaba que en algún momento podía pasar cualquier cosa como si fuera una bomba de tiempo. 


En el hogar está la cocinita esa de chapa, la heladera y la mesada. También están ahí abiertas y saqueadas. Porque los militares no solo venían a buscar personas sino llegaban para romper, destruir, saquear, dejar vacíos todo al mismo tiempo.



El cuadro general de la exposición de Claudia se amplía con los muebles de comedor clásico, la carpetita, el florerito, los libros, los globos de un festejo de cumpleaños. “También puede leerse que ahí están las figuras paternas y maternas. Las estrategias de cuidado, de celebración, de comida, de orden, de prolijidad, de prevención y aparecen con fuerzas las figuras de cuidado”, describió. 


Es la primera vez que hablo de una niñez en una obra” deslizó casi en susurro Claudia Gatti. Construyó en su exposición un jardín donde vive la niñez y lo que florece es la memoria viva de la historia argentina. En el decir de John Berger “no puedo decirte qué hace el arte y cómo lo hace, pero sé que a menudo el arte ha enseñado al futuro los sufrimientos del pasado para que nunca se olviden”.