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“La hoja es el equivalente a la vida”

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viernes, 17 de julio de 2026

Silvia Hopenhayn: “Leer es lo único que se parece a la vida”





La escritora y periodista argentina estuvo en la 16º Feria del Libro de Corrientes. Realizó días atrás una disertación titulada Homenaje a Jorge Luis Borges: cómo y por qué leerlo. En medio de la efervescencia mundialista, hablamos de los asados de la selección y haciendo una comparación con la literatura recomendó algunos cortes literarios. En esta entrevista hubo otros temas como periodismo, escritura, lectura, Borges y mucho más. Escuchó cada pregunta pero también hizo las suyas, ¿vos qué decís? ¿hay que pasar por Borges o no?


Por Paulo Ferreyra

Edición de texto Patricia Galván


Silvia estudió en Suiza y cursó estudios de Filosofía y Letras, Economía y Ciencias de la Comunicación (UBA). Tradujo películas de Godard, Chabrol y textos de Cocteau, Deleuze y Todorov. Dirigió documentales sobre Manuel Puig, Arturo Pérez-Reverte y Carlos Fuentes. Condujo y tuvo segmentos en programas de radio, hizo programas de televisión en Canal A y en Canal Encuentro, fue editora durante siete años del Suplemento Literario de El Cronista Cultural y de la sección de Literatura y Ensayo de la Editorial Norma. Publicó los libros Cuentos reales (2004, coautoría), las novelas La espina infinitesimal (2005), Elecciones primarias (2012), Ginebra (2018) y Vengo a buscar las herramientas (2021). En 2027 tendremos en librerías su nueva novela. De sus libros publicados, ni uno estaba disponible en la 16° Feria Provincial del Libro de Corrientes. Recorrí siete librerías —de nuevos y usados—, en ninguna había uno solo de sus libros.


En el campo del periodismo cultural, hay personas que abren puertas al conocimiento. Silvia Hopenhayn es una de ellas. Por ejemplo, cuando dirigió el suplemento cultural del diario El Cronista. Gracias a ella conocimos a Sergio Pitol, escritor del que casi nadie habla, salvo la escritora Valeria Luiselli quien en contadas entrevistas lo nombra como un referente. De hecho, también busqué sin éxito libros de Sergio Pitol en la Feria y tampoco encontré. 


Nos encontramos con Silvia en un bar en Corrientes. Ella con un café en manos, su entrevistador con una ginebra —quizás, es irrelevante el dato. Comenzamos la charla sobre periodismo y literatura.



—Viviste a finales de los 80 y comienzo de los 90 una época de oro del periodismo cultural, ¿cómo fue aquel momento?

—La historia tiene sus oleadas. Quizás el auge que viví pueda resurgir pronto. El apogeo que viví es de finales de los años 80 y los 90. Antes, en los años 60 hubo un gran auge con las revistas que tenía la Argentina. En mi caso entré en lo que sería el periodismo cultural de los suplementos de los diarios argentinos. 

Hubo un tiempo en que la fuerza estaba en las revistas y en algunos suplementos culturales clásicos como de La Nación y Clarín. En mi caso empecé justamente creando un suplemento cultural en un diario comercial. Empecé en El Cronista Comercial que competía con Ámbito Financiero por los números. De repente al dueño, Eduardo Eurnekian, le pareció divertido crear un espacio importante para la cultura. Como buen empresario, tiene un pequeño margen para audacias que no puede controlar. Bienvenido lo que no se pueda controlar.

Entonces, empecé a armar ahí un suplemento que llegó a tener dieciséis páginas semanales color. Era una locura. Todas las semanas había que generar dieciséis páginas que, además, trabajaba con un tema de tapa que se propagaba en las páginas interiores con una entrevista fuerte.

El propio hecho de contar con esa audacia producía un efecto convocante. Entonces, tomaba el teléfono y llamaba a Arturo Cabrera Infante en Inglaterra y le decía: "¿Podría darnos una entrevista para un diario que saca un suplemento?" Bueno, así mismo estaban vivos escritorazos nuestros. En aquellos años estaban vivos Bioy, Piglia, Saer.

Me acuerdo que para una tapa armé un asadito, como dice Scaloni ahora, hay que hacer un asadito para que las cosas salgan bien. Armé un asadito con Piglia y Saer para tramar una conversación. Todo ese asado y esa tarde se convirtió en la tapa del suplemento y adentro tres, cuatro páginas más. 

—Otra época en la que se generaban muchos encuentros.

—Totalmente. El espíritu era producir acontecimientos de diálogo. El diálogo no era una videollamada o un zoom. Buscábamos hacer esto, un encuentro presencial, esto que estamos haciendo vos y yo ahora. Eso no se va a perder nunca. Tengo fe que eso no se va a perder nunca. 

Aquello fue una época muy linda porque también se me combinó en mí la situación de los tres medios. Hacía el suplemento cultural del Cronista, tenía una columna en Radio América y además tenía programas de televisión, de libros, en Canal A. Era un combo fabuloso para jugar y barajar ideas, lecturas, encuentros. Fue un momento de oro extraño.

También fue extraño aquel momento porque coincidía con el menemismo. En general los suplementos culturales o las cuestiones que tienen que ver con la cultura —no sé por qué— prosperan cuando el poder es un desastre.


—Ahora mismo se generan cosas ya a nivel mundial, tanto que hasta Dua Lipa recomienda libros.


(Nos reímos. Silvia hace una pausa. Sonríe y toda ella es un prisma de la literatura. Vuelve la taza a la mesa. Un segundo nos dura el silencio que se ahoga por los murmullos del bar).


—Uno no sabe qué decir de Dua Lipa en el sentido de que está bueno que promueva libros, porque además son buenas obras. Está promoviendo novelas geniales. Además, es encantadora. Me daría miedo que recomiende malos libros.

—¿Por ejemplo?

—No voy a dar ejemplo. Podría hablar de libros que acarrean grandes lectores o que provocan mucha lectura. Hoy en día por ejemplo, los booktuber ¿Está mal o está bien? Esta es una pregunta para hacerse porque no hay que perder el contacto físico con el libro.

Después de ese contacto viene el contenido del libro, pero si vos cortás ese contacto con el libro y te vas al celular o a los videojuegos o lo que sea, ¿cómo volvés al libro? Después nos preguntamos, ¿qué libros? ¿Qué se lee?

— Ya que estamos hablando de libros y volviendo a los suplementos culturales, ¿se perdió la crítica literaria? ¿Lo que queda está en las redes?

—Hay algunos lugares donde se puede ejercer la crítica. Yo misma trato de ejercer la crítica, no la crítica bibliográfica en el sentido más estricto ni tampoco en el más banal. El más banal sería me gusta o no me gusta como se hace en las redes. Además, en las redes se ve mucho esto de poner notas, este tiene un siete, tiene un ocho, tiene un diez. Eso no es análisis.

Pero quedan algunas revistas importantes como Otra parte o Panamá. Quizás la tuya propiamente escrita. Para mí es necesario el análisis crítico. No críptico sino crítico.

—Todo se volvió más virtual en ese sentido, ¿los grandes medios nacionales y porteños dejaron de tener peso en la crítica literaria?

—En general en las redes, salvo revistas o blogs, son recomendaciones. Tampoco veo que haya crítica. Puede ser gente piola leyendo libros que hacen una recomendación oral. Lo que se perdió es la crítica escrita. La crítica escrita es un género. Están promovidas por Piglia o el propio Borges, y si me preguntás, Borges era muy libre para escribir.

Si leés los ensayos de Borges son ensayos en primera persona, las críticas son desde su pasión. Se puede hacer crítica desde la pasión. No hace falta tener a Harold Bloom atrás o alguna referencia ineludible académica.



Escritora

Silvia Hopenhayn sigue en el campo del periodismo. Tiene una columna semanal en el diario Perfil y sus columnas pueden leerse en otros medios. Pero además desde hace varios años comenzó a publicar sus propios libros de cuentos y novelas. 

Sobre ese pasaje de entrevistas y dialogar con escritoras y escritores a convertirse en escritora comentará que es la doble cara de la lectura. 

La lectura tiene una doble cara que es profusa o profunda. Te da las herramientas para escribir porque si no no podés escribir o hacer periodismo escrito. Al mismo tiempo, si leés mucho y gozás mucho con la lectura te inhibe. Porque decís, "¿Para qué voy a escribir? Si estoy leyendo este cuento de Silvina Ocampo y no lo podría hacer mejor”. 

Silvia dice que para escribir se ampara en el cuento Pierre Menard, autor del Quijote de Borges. “Me amparo en ese cuento para escribir. Como diciendo: "Cervantes escribió el Quijote, pero también lo intentó escribir Pierre Menard en el siglo XX. Bueno, yo podría intentar escribir Eizejuaz de Sara Gallardo. Jugando con eso y nunca pretendiendo lograrlo”, afirmó.



Jorge Luis Borges

—Llegaste a Corrientes para hacer una charla sobre Borges, ¿es necesario leer a Borges? ¿por qué?

— ¿Vos qué decís? ¿hay que pasar o no? ¿o se puede no pasar? 

— Pero acá vos sos la entrevistada y yo pregunto.

— Bien. Ahora te responde. Pero te pregunto a vos, ¿vos qué decís? ¿Hay que pasar por Borges o no?

— En mi caso te cuento que entré a Borges por la poesía. Ahí me quedé. Es una puerta inagotable. Tengo el libro de poesía completa de Borges así que cada tanto lo tomo, lo abro y donde abra me dice algo. Es como un oráculo que vive conmigo y cada vez que voy a él me dice algo.

—Bueno, coincido con vos. Borges tiene esa cualidad muy particular que te impacta lo que leés. Después viene otra cosa, no se puede contar un cuento, no es tan fácil contar un cuento o un poema o un ensayo escrito por Borges, es difícil de contárselo a otro. 

Esa dificultad de contar cómo es un poema o un cuento se debe a cómo Borges te cuenta o te dice algo. Esto de no poder contárselo a otro hace que también a una se le olvide, y vuelvas, y abrís, y está de nuevo la sorpresa. O sea, para mí Borges es maravilloso si una puede pasar por Borges, olvidarlo y volver a pasar, olvidarlo y volver a pasar y así infinitamente.

—Artes de la charla que realizaste en Corrientes, Ramón Blanco expresaba: “Dicen que Borges es difícil y aquí Silvia viene a alentarnos a leerlo”, ¿de dónde viene eso de que Borges es difícil? 

—Borges, incluso por cuestiones ideológicas, ha sido dejado de lado. Borges tiene eso de que es difícil pero hay que animarse y hay que meterse. Ya que estamos en clima de mundial y todos hablan del asado de Scaloni, vos tenés distintos cortes de carnes, algunos son más duros pero son sabrosos. Si te vas al lomo es refácil. Te invito a que tomes también otros cortes y vas a descubrir que son muy sabrosos. 

En Borges aparecen muchas nociones filosóficas de este mundo y referencias bibliográficas. Si uno como lector se intimida frente a la referencia pensando "uy, yo no leí todo lo que Borges está citando". Ahí ya es un problema de que te sientas inseguro de vos mismo. Ahora, si lo leés diciendo "uh, yo no conozco nada de lo que cita, pero bueno, lo voy a leer igual". Ya está, entraste. 



Leer es historia y es devenir

En programas de radio, en televisión o escribiendo, Silvia Hopenhayn siempre está inyectando lecturas. Desde hace varios años lleva adelante talleres de lecturas tanto de forma virtual como presencial, Clásicos no tan clásicos. Gracias a ella —se lo digo ahora por escrito— me animé a leer a Macedonio Fernández y su novela Museo de la novela de la Eterna

Pero ¿qué es leer? Para ella es devenir. Durante la charla se le vino esa palabra y ahí se quedó rumiando. “Es devenir y es historia. Creo que leer tiene esa gracia —amplificó—, es historia porque es todo lo que los seres humanos pensaron, escribieron, imaginaron a lo largo de siglos y es devenir porque al leer somos los que vamos a seguir escribiendo, imaginando y pensando, aunque no publiquemos ningún libro pero hablamos con lo que leemos”. 

Claro, teniendo a Silvia de frente, cabía la siguiente pregunta. 

—¿Hay que leer? ¿Es necesario leer?

—Mirá, ya si me lo preguntas de esa manera ahí incluso recomiendo leer cuando las personas están en crisis o con ataque de pánico. Porque si hay algo que se desarma con el ataque de pánico son las referencias, te quedas como en un lugar.

Lo único que es como la vida es la lectura. La vida es paso a paso. Yo no puedo estar ahora durmiendo en mi cama o tomando un whisky, estoy con vos charlando y estoy bien, no pasa nada, pero no se puede hacer zapping con la vida. No puedes scrollear la vida. No puedes editar la vida.

Tenés que vivir paso a paso, no queda otra, por eso leer es lo único que se parece a la vida. Tenés que leer palabra por palabra para que la frase se vaya armando.


La libertad bien entendida

—Entre las lecturas que recomendás está Don Quijote, ¿por qué?

—Por el mismo motivo que el Quijote le impactó a Borges y a tantos otros. Carlos Fuentes decía que lo leía cada dos años. En mi caso particular, para darle un poco de afecto, mi padre me lo leía todas las noches cuando yo era chiquitita. Mi padre me leía un capítulo por noche, son capítulos cortos.

Además, son capítulos divertidos que los puede escuchar una niña. Yo los escuché y después volví de otra manera y con ese sustento emotivo.

El Quijote es una fórmula de vida. No solo de lectura. Yo creo que ahí está la clave. Cuando una dice: "Hice una quijotada”. No es solamente una locura, porque no son locuras las de Don Quijote, son aventuras.

Además, es una novela sobre la libertad, pero no la libertad en términos de Milei. Es más, te diría que es la libertad no individual. La libertad no individual. Es la libertad de uno para los otros. Es la libertad de uno en poder hacer lo que quiera con tal de hacerles bien a los otros. Es una libertad rara la de Don Quijote. No es la libertad para mí. Es la libertad para mí, pero para que yo haga que los otros estén bien sin ser cristiano sino literario. 


Leer a Borges


Para hacer honor a la charla que tuvimos con Silvia Hopenhayn queda aquí una síntesis apretada sobre su respuesta e insistencia de leer a Borges. “Es un autor "sentimental": detrás de su inteligencia, su erudición y su maraña de referencias y citas (que a veces funcionan como una "telaraña para que no veamos a la araña"), late un deseo profundo y un sentimiento. Hay que leerlo sin miedo, libremente y sin prejuicios: No es necesario ser un erudito ni conocer todas las citas que aparecen en sus textos. Muchas de sus referencias o la inclusión de autores apócrifos (como en Pierre Menard) son parte de un "chiste" o juego de Borges. Hay que entregarse a "no saber" y a ser un "desocupado lector" en término de Cervantes. Es decir, a desalojar la mente y crear un espacio vacante para recibir lo nuevo y lo distinto”. Además, como si fuera poco, Borges hizo lo argentino universal y lo universal argentino: Borges tomó elementos de la historia y la literatura argentina profunda —como la figura del cautivo o el tema de las Malvinas— y los elevó a una dimensión universal, al mismo tiempo que argentinizó los grandes temas universales.




viernes, 10 de julio de 2026

Ángela Copello: “El arte es una forma de detener el tiempo”

 





Está abierta la muestra fotográfica de Ángela Copello bajo el título de En uno o mil años. La muestra está curada por Daniel Fischer quien sostiene que “la obra de Ángela se despliega como una pregunta sobre las potencias de lo visible, configurando una gramática silenciosa, una gramática ingrávida, donde la mirada deja de ser un mero umbral de contemplación para convertirse en una epifanía del suspenso”.


En una entrevista telefónica Ángela sostuvo, “una de las ideas de la muestra es entender que nosotros vivimos en un tiempo lineal muy pequeño, nosotros pasamos y hay un montón de cosas que nos van a sobrevivir. Desde ese lugar me interesa la cualidad espectral que tienen todas las imágenes”. La muestra se podrá visitar hasta el jueves 23 de julio en Oda Oficinas de Arte, Paraná 759 Piso 1, CABA. Los horarios de visita son de lunes a jueves de 15 a 19. La entrada es libre y gratuita.



Por Paulo Ferreyra

Fotografía Pablo Jantus



En esta muestra se presentan un conjunto de fotografías inéditas de Ángela Copello. La artista profundiza y nos sumerge aquí en su mirada más onda de la naturaleza. 

 

Los comienzos


Ángela desde siempre tiene una relación directa con la naturaleza. De hecho, durante esta charla afirmará que como paisaje elige la mesopotamia y que en el verde es feliz. Sus inicios ya se remontan al colegio secundario cuando estudiaba paisajismo, hacía técnica en floricultura. Estaba muy en contacto con la naturaleza. La fotografía ya estaba presente pero como un hobby. Era la fotógrafa de la familia. Hasta que en un momento la fotografía le ganó al paisajismo y se empezó a dedicar a la fotografía por completo.


Entre sus primeros trabajos vino de la mano de Angélica Thays quien le propuso participar del libro Argentina, parques y jardines. Eran los comienzos de los años 90 y el paisajismo no tenía la consideración que tiene hoy donde ya tenemos arquitectos del paisaje. 


El trabajo de Ángela Copello se amplificó en el rubro cuando empezó a trabajar para la revista Jardín. Ahí ya registraba algunas imágenes para su trabajo profesional y otras más íntimas. El refugio y el silencio que iba ensanchando su arte. 



Su primera serie de fotos fue bajo el título de Horizonte infinito. Todavía no llegaba la fotografía digital. Ella recuerda pasarse horas dentro de un laboratorio. Amó esa época. “Disfruté muchísimo esas horas y horas metidas en el silencio del laboratorio para lograr una imagen. Después vino la fotografía digital y también me enamoré de la fotografía digital.

Me adapté rápido porque seguía con el trabajo comercial y si no me adaptaba me quedaba afuera del trabajo. Con la llegada de la fotografía digital ya nadie quería pagar la película, las diapositivas, el escaneado. Con la llegada de la foto digital todo empezó hacer más rápido, más ágil y más económico”, explicó.


Acercamiento al silencio



Sobre esta mirada que tiene Ángela al paisaje agrega que siempre lo hizo de manera silenciosa, fue un “acercamiento hacia donde el alma se aquieta”. En su camino como fotógrafa independiente siempre tuvo esa capacidad para dividir lo que era su trabajo, los encargos y las fotografías que le permitían abrir el horizonte. Por cuestiones laborales ha viajado por casi todo el país. 


“Mi mirada está puesta en el paisaje. Voy fotografiando y fotografiando el paisaje de forma permanente. Después las fotos se muestran por series. Hay una frase que puede decirse que la usé como bastión y es un texto de Walden de Henry David Thoreau donde dice, tengo que volver al bosque para darme cuenta de lo que he vividoLas imágenes me permiten mostrar donde encuentro mi paraíso acá en la tierra”, afirmó.


Sus fotografías van desde una plaza de Palermo en la ciudad de Buenos Aires hasta la selva de la provincia de Misiones. Ahí se pueden tocar la paz y la quietud.



Kudzu 


En su andar buscando imágenes para una serie de fotos bajo el título de Eden. Ella se encontró con una planta llamada Kudzu. Esta es una planta que Japón le regaló a Estados Unidos hace más de 200 años. En Estados Unidos la tomaron como alimento para ganado. Es una planta maravillosa porque crece rápido, el ganado lo come y engorda.


Sin embargo, en el sureste de Estados Unidos y en estados como Georgia la misma planta azotó a la población. Se volvió así una planta muy agresiva en su crecimiento. Es una hiedra pero mucho mucho más agresiva. Se trepa y deja sin aire y sin luz a las especies nativas del lugar. Entonces forma paisajes increíbles, porque es como una alfombra verde que va tomando la forma de los árboles y todo se vuelve verde.


Es una planta que tiene esa dualidad, de lo bello y lo terrible que mata a lo que tiene abajo. Cubre viviendas o puentes, todo lo que está en su camino. Ángela investigó mucho sobre esto. Se fue a Estados Unidos. Allá el ministerio de Agricultura tiene un mapa interactivo donde los vecinos van denunciando los focos donde la planta se está expandiendo. 


En Estados unidos ella fue tomando fotografías y habló con la gente del lugar. Ellos les decían, “no hay forma de sacarla o detenerla". El tallo es grueso, como si fuera una birome y es peludo. Donde el tallo toca el suelo da raíz y eso hace que sea casi imposible detenerla. Durante varios años fotografió ese paisaje verde.


Hasta el presente las obras de Ángela se cuentan entre las series, Eden, Muros del Edén, Aquí no hay sombras, Medir el paisaje, Páramos, Flores de Dios, Impermanencias - Constenera, Impermanencia - Ñandubay, La noche se lleva mis sueños, Horizonte infinito, entre otras. 




En uno o mil años


Esta muestra que está abierta ahora en la galería Oda nace un poco empujada - desliza y sonríe Ángela - empujada y animada por Laura San Martín como galerista y Daniel Fischer como curador. “En esta serie el foco está puesto en la captura de atmósferas. Es un paso más hacia lo intangible”, sostuvo. 


Recorriendo la muestra la humanidad se detiene frente a la naturaleza que lo desborda. Quizás aparezcan escenas que hemos vivido todos. Sin embargo, aquí están captados en el momento justo y preciso. 


“La propuesta es correrse de un tiempo lineal y entrar en un espacio suspendido”.


Ángela Copello nos propone a través de sus fotografías entender que nosotros vivimos en un tiempo lineal muy pequeño, nosotros pasamos y hay un montón de cosas que van a sobrevivir.  


En la inauguración de la muestra - ocurrida hace un par de semanas atrás - explicó a los presentes que al momento de tomar una fotografía es un momento de mucho nervio y no es un momento de disfrute. La contemplación viene después. Cuando está tomando la fotografía se concentra en que los parámetros de la cámara estén bien, que la foto salga en foco, que no se vaya lo que quiere captar, entre otros factores.


En el diálogo que se abrió en la inauguración de la muestra una persona le expresó a Ángela que todos esos nervios que tiene al momento de sacar una foto la abstraen de la realidad. Todas sus antenas están puestas en ese único e irrepetible momento. A veces, meditar se piensa que es únicamente cruzarse de piernas y cerrar los ojos, sin embargo, meditar también es poner todo todo todo el pensamiento en un punto.




Arte y poesía

El concepto de arte es muy amplio. Pero una forma de definirlo para la artista es hacer un recorte y poner una foto a consideración para un momento de contemplación. El arte funciona como un refugio para detener el tiempo por un instante. Mi arte es un refugio de silencio donde pausamos el tiempo. Estoy convencida que cuando alguien tiene algo que decir, lo puede decir desde la escritura, la música y una expresión artística. Mi forma de expresarme es la fotografía”, agregó. 


Hace un tiempo en esta misma revista la poeta Diana Bellessi sostuvo que el silencio es la medida de lo viviente. Le atribuye al silencio la misma importancia que al lenguaje y por eso hace poesía. Ángela Capello hace poesía desde las imágenes, construye espacios que nos acercan a la contemplación y al silencio. 


La muestra En uno o mil años de Ángela es una invitación al silencio en su recorrido. El concepto refugio trasciende de forma permanente. “La poesía que me gusta es la poesía que nos mueve, las que nos saca de lo cotidiano o nos mueve de lo que creemos que es seguro. Ese lugar de la poesía me gusta y trabajo en ese sentido”, afirmó.  




viernes, 3 de julio de 2026

Clara Obligado: “La forma de tirar hacia adelante es confiar en una utopía”





Clara Obligado - Foto  Isabel Wagemann




La escritora Clara Obligado tuvo que exiliarse del país tras la última dictadura. Desde entonces escribe y realiza talleres de escritura en Madrid. En esta charla telefónica hablamos de escritura y de sus libros, el puntapié fue Todo lo que crece. Naturaleza y escrituraSobre la escritura expresó, “la lengua o la escritura es una manera de pensar. Algunas personas piensan a través de la ciencia. En cambio los que escribimos pensamos a través del idioma”.



Por Paulo Ferreyra
Foto de Isabel Wagemann


En la buhardilla había una pared medianera que daba al edificio vecino y que había sido construida allá por el siglo XVII. Liz adoraba ese muro, lo llamaba «la pared de las caricias», no había colgado nada y le gustaba pasar la mano por las minúsculas grietas del tiempo. Allí buscaba inspiración, allí, uno de los tantos días en los que Fernando estaba de viaje, apoyó la espalda. En el acto sintió que, atravesando ladrillos y tiempo, una mano comenzaba a acariciarla. 


Este es un fragmento del libro La biblioteca de agua de Clara Obligado. Comenzamos esta charla telefónica con Clara desde Madrid a un punto del litoral. A diferencia del personaje de su libro ella no tiene ese lugar especial en su casa. “Como escritora funciono como mujer. Quiero decir, estoy en cualquier lugar y ese lugar donde estoy es el lugar donde escribo. Soy una escritora de muy pocos rituales. Soy más nómade a la hora de escribir”.


Ella dejó el país en la última dictadura militar. Vive en Madrid desde el 76 como exiliada política. Fue una de las primeras personas que comenzó a impartir talleres de escritura creativa, tanto de manera independiente como en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, el Círculo de Bellas Artes y la librería Mujeres de Madrid, entre otras muchas instituciones. En 1978 fundó el Taller de Escritura Creativa de Clara Obligado. Clara es autora de las novelas Si un hombre vivo te hace llorar, No le digas que lo quieres, Salsa, entre otros. Ha recibido numerosas distinciones. Escribió en pandemia el libro Una casa lejos de casa. Este es un libro sobre lo que significa ser extranjera. Pasó la pandemia, pasó el tiempo y escribió Todo lo que crece, un verdadero jardín que tiene un  optimismo vital. Ahora, por estos días está en el país presentando lo que sería el cierre de su trilogía con el libro Un árbol de compañía, junto a Raúl de Tapia. De esto y otros temas abordamos en esta charla. 

Clara Obligado - Foto  Isabel Wagemann


— Hace más de cuarenta años que haces talleres de escritura ¿Se puede enseñar a escribir? ¿Qué se enseña cuando se enseña a escribir?


— Creo que todo se puede enseñar. Al ser humano se le enseña a caminar. Se le enseña a hablar. Todo se enseña. Escribir también se puede enseñar. Lo que no se puede enseñar es a ser escritor. Ser escritor es un defecto personal. La decisión de ser escritor es algo que nadie te lo puede enseñar, esa es una decisión. Recomendaría que no tomaras esa decisión. Fuera de eso, creo que todo se puede enseñar, se puede enseñar a leer, a leer y a leerte. Esas dos cosas sí se pueden enseñar.


— ¿Por qué no recomiendas ser escritor siendo vos escritora?


— Justamente, porque conozco la historia. Kafka me parece que decía, "si puedes dejar de escribir, hazlo". Pero el tema es si puedes dejar de escribir. Hay mucha gente, yo me incluyo, yo no puedo dejar de escribir y es mi manera de relacionarme con el mundo. Pero si una de mis hijas quisiera ser escritora yo le recomendaría que haga cosas saludables, le diría que no sea escritora.


— Vuelvo a lo que mencionabas antes, ¿podemos contarnos tres motivos por los cuales no podes dejar de escribir?


— Un motivo es porque de alguna forma escribir me divierte. No me divierte como si fuera a subirme a una atracción de una feria. Pero hay algo que me divierte, el trabajo con la palabra, con la estructura, me divierte y me interesa. Esto para empezar.


Además, me interesa muchísimo la estructura del idioma, la estructura de los textos, es decir estas cosas me interesan muchísimo. Creo que es una manera de pensar. Otras personas piensan a través de la ciencia y en cambio los que escribimos pensamos a través del idioma, de la estructura, de las palabras. Entonces, es muy difícil soltar algo que es tu manera de pensar.


Por otro lado, me parece una forma de vida en algún punto superior. Sin querer ser pedante con esto, eh. Pero hay algo en la escritura que no está en otro lado. Entonces, eso me parece bastante fascinante.



Trilogía


Para Clara el idioma es música. Hace unos años publicó el libro Todo lo que crece. Es parte de un invento triple. En general sus libros se rebalsan. Es decir, escribe un libro y no es suficiente, tiene que escribir otro para seguir. Sus libros se encadenan unos con otros. En su mayoría son cortos pero son encadenados.

Escribió justo con la pandemia Una casa lejos de casa. Este es un libro sobre lo que significa ser extranjera. Pasó la pandemia, pasó el tiempo y escribió Todo lo que crece, un libro que tiene optimismo vital. El tercero salió esta semana en Argentina y lleva por título Un árbol de compañía. Este libro lo escribió con el biólogo Raúl de Tapia. “Estoy muy contenta con este libro. Es un proyecto distinto. Me hacía falta la ciencia para pensar ciertas cosas. Entonces, escribimos los dos juntos y es una aventura bastante particular la que llevamos adelante con Raúl de Tapia”, agregó.



Naturaleza y escritura


— En Todo lo que crece dialogas con varios autores,  ¿cuál fue el criterio para seleccionar esos autores y autoras?


— La escritura no es un acto solitario, no es una cosa narcisista para mí. Una escribe acompañada de un montón de lecturas y de personajes que te han dicho cosas y de textos que has leído. La literatura es como un corpus de conocimiento importante. Entonces, a mí me gustaba pensar estos temas con la gente que piensa estos temas y no solo yo. Es decir, si tengo un texto de Emily Dickinson que me lleva a pensar una cosa entonces la cito. Porque en mi imaginario, cuando estoy escribiendo para mí ella es importante, entonces ¿por qué no la voy a citar? Eso por un lado. 


Por otro lado, me gusta que los lectores tengan acceso a esas lecturas, es como decir - "Bueno, mira, están estos escritores, los voy a leer - . Me gustan mucho las citas en ese sentido. Como disparador y compañía, son buenos compañeros. Son disparadores para seguir profundizando o para profundizar en un tema. Los veo como disparadores y compañía, son buenos compañeros. Cuando escribo voy conversando con distintos autores, es como si hablara de un tío, de un primo, de un amigo, a mí me funciona igual. Estas personas me acompañan y me hacen pensar. Entonces, ¿por qué no lo voy a nombrar?


— Tenés una mirada profunda con la naturaleza, ¿qué ves ahí?


— Esto empezó con la pandemia, cuando estábamos encerrados y nos estábamos muriendo. En aquel momento no sabíamos qué destino teníamos, sobre todo al principio. En ese momento veía la naturaleza florecer. Tengo una casa con terraza en Madrid y estaba llena de mariposas y de pájaros. Vivo en la Puerta del sol como quien vive en el Obelisco en Buenos Aires. De pronto paramos y en tres semanas la naturaleza ha vuelto con un ímpetu donde todo florecía. Veía ahí a los árboles que con su indiferencia nos van a sobrevivir. Ellos tienen una estrategia de vida mucho más interesante que la nuestra. Entonces, me pareció importante pensarlo.


Además, en Todo lo que crece digo "no somos los hombres y la naturaleza, nosotros somos la naturaleza, igual que una planta e igual que una lagartija". Somos naturaleza. Lo que pasa es que nos ha gustado separarnos y considerarnos en otro lugar, pero eso es un error. Somos lo mismo. Seremos destruidos por las mismas fuerzas. Pero tenemos que aprender a pensarnos como parte de la naturaleza. Para profundizar en este tema estoy estudiando sobre el periodo de la Ilustración.

Clara Obligado - Foto  Isabel Wagemann


— Es un tema que da para mucho, ¿vas a seguir profundizando el tema?


— Con Un árbol de compañía no sé si cerré el proyecto. No lo sé. Aunque lo que estoy trabajando sobre la era de la Ilustración está relacionado con las mujeres botánicas. En el fondo, vuelvo a trabajar en lo mismo. Es decir, me vuelvo a hacer la misma pregunta, ¿qué somos los humanos? ¿Cómo podemos sobrevivir con lo que estamos haciendo? Tengo algo en la cabeza y gira, me da vueltas.


Todo lo que veo se filtra en la escritura. Leemos leo en tu libro, ¿es así? ¿Todo va para la escritura?


— Sí. Últimamente siempre estoy escribiendo. Estoy hace unos años en estado de escritura permanente. Entonces, todo lo que voy viviendo e incluso cuando hago la comida se filtra la escritura. Hay una especie de búsqueda de armonía y una búsqueda de decir que está siempre latente.


Además, entre la estructura de la vida, las lecturas y las clases estoy hablando de literatura sin parar todo el día. Hago literatura todo el día y sin parar, no sabría contar la vida de otra manera.



“Pensarnos como mestizos”


Los libros de Clara - y uno de los motivos por el cual charlamos - es que hace narrativa poética. Todo eso que llamamos novela, ensayo, poesía, aquí son un torrente de agua viva en un solo cauce. A ella no le interesan los géneros tradicionales canónicos. “Me parece que estamos en una época muy mestiza. Me siento una persona sin patria. Difícilmente respondería a una tradición o a un género literario. Me parece que la forma de pensarnos hoy por hoy es pensarnos como mestizos”, sostiene.


Esta postura de vida de Clara la lleva a la escritura. Cuando escribe los géneros literarios se mestizan. Entonces puede haber cosas que se leen como poesía, otras como microficción, otras como ensayo y otras como crítica. Está todo mezclado.


Ella es una buscadora. Sigue buscando y su búsqueda es una búsqueda activa y plena de libertad. “A mí me importaba siempre un pito fracasar o no fracasar. A mí lo que me interesa es buscar. Ese es mi camino. Esta libertad se consigue así, se consigue fracasando. Está bueno el fracaso. Vaya teoría”, deslizó y soltó una sonrisa blanca, sincera, libre. Sus palabras cobran fuerza cuando ella misma revela algunos de sus fracasos: Tener que irse de Argentina en la dictadura, el hecho de ser mujer, el hecho de tener que defender su espacio porque sino no funciona, el hecho de ser emigrante, entre muchas otras cosas. 




La Esperanza


Volvemos al libro Todo lo que crece. En un fragmento dice me permito habitar ese gran error que es la esperanza. Para ella es muy atrevido tener esperanza. Tal y como está el mundo, tener esperanza es atrevido. “Me parece que si no apostamos por la esperanza, sea lo que sea la esperanza, si no apostamos por una utopía positiva o algo que nos saque del lugar donde estamos, nos va a costar salir en serio. La única forma de tirar hacia adelante es confiar en una utopía positiva. Aunque a veces nos desanimamos y digamos "Uy, Dios mío”. “Qué difícil”. Pero si nos dejamos y pensamos que es imposible, ahí estamos perdidos en serio”, reflexiona.


— Creo que hay que trabajar en el punto de vista de la esperanza y la creación de un pensamiento utópico a partir de la esperanza. Ese es mi punto de vista.


— Si tuvieras que nombrar una cosa que te ayude a alimentar esa esperanza, ¿cuáles serían?


— Millones. Millones. Esta charla o pasear o ayer hice una cena en mi casa porque terminamos un curso y las conversaciones que fuimos creando me cargaron de esperanza. La naturaleza en sí misma y lo bonita que es. La lectura. Hay millones de cosas que son razones para la esperanza, estar viva. Me fijo en esas cosas. Prefiero fijarme en las cosas que me ayudan a construir un pensamiento utópico.