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viernes, 24 de julio de 2026

Evi Tártari: “El arte es una manera de poder visibilizar lo que vivimos”






El Museo de Bellas Artes René Brusau (MUBA) junto a la Galería Aconquija - Yerba Buena, Tucumán - habilitaron días atrás la muestra Vuelo de flechas de la artista tucumana Evi Tártari. Esta muestra fue seleccionada en la Convocatoria de Proyectos Expositivos 2026 “Del Chaco a la Argentina”. La muestra cuenta con la curaduría de Germán Luft y puede ser visitada en la sala 2, en el 3er piso del Museo en la Casa de las Culturas, Resistencia. En esta charla la artista habla sobre sus obras, la fotografía, la cerámica y muchos otros temas más.



Por Paulo Ferreyra

Fotos de Evi de Agustín Indri


La muestra de Evi Tártari forma parte de una selección que se realizó a partir de la convocatoria publica del Museo de Bellas Artes René Brusau. Ellos lanzaron una convocatoria para financiar cuatro proyectos expositivos. La Galería Aconquija, donde uno de sus galeristas es Germán Luft, presentó el proyecto con las obras de la artista Evi Tártari. Así llegaron hace apenas unas semanas y ya abrieron las puertas de la muestra Vuelos de flechas.



Tres piezas 


Evi desarrolla su práctica artística alrededor de la fotografía y la cerámica. En este caso la muestra - curada por Germán Lulf - presenta tres piezas. Una de esas piezas es una fotografía de gran escala, tiene cinco metros por dos metros y medio. Es una apropiación de una imagen fotográfica de aproximadamente 1950 de un artista y fotógrafo que se llama Oscar Rejlander. Él adhiere a la escuela pictorialista de fotografía, posiciona al hombre y a la mujer en lugares opuestos. La obra se llama "Las dos caminos de la vida". En el lado del pecado y la lujuria está la mujer y por el lado de las virtudes está el hombre. Evi Tartari hizo una apropiación de la fotografía de Oscar Rejlander. Ella en su obra anula todos los cuerpos masculinos. Los cuerpos de los hombres aquí son reemplazados por imágenes de mujeres que han sido importantes o cruciales para la historia de nuestro país.


Por otro lado, desde la cerámica la artista trabajó en pequeñas piezas que forman una gran pieza que son sublimaciones de partes del cuerpo y de gestos que las mujeres hacen en las labores que están feminizadas. “Son las labores que hacemos las mujeres en las casas como, por ejemplo, las tareas de los cuidados, de la limpieza, de la cocina, esas labores que implican a veces amasar, cortar, picar, envolver, doblar, planchar”, explicó Evi. “Todos esos gestos se pueden ver en esa composición que es una flecha que asciende. En ese ascenso que mira hacia arriba, hacia el cielo, hacia lo superior o hacia el aire, de alguna manera buscaba invocar esta idea de vuelo. La idea de flecha hacia arriba”.


La tercera pieza que compone la muestra es un bloque blanco de piedra que termina como si fuera un iceberg con sus puntas apretadas. Esas puntas están apretando y aprisionando una tela negra que intenta fugarse hacia arriba. Esa fuga es hacia el techo. “Esta obra refleja el intento de escapar o ese intento de salir de cierta situación de opresión que muchas mujeres vivimos”, subrayó Evi. 



“Es importante visibilizar lo que nos pasa a las mujeres”


Después de la inauguración de la muestra charlamos por teléfono con Evi Tártari. Su visita por la ciudad de Resistencia fue fugaz porque muy rápido tenía que partir a Barro Calchaquí, al encuentro latinoamericano de cerámica. Su voz tiene música. Es atenta, escucha, hace silencio y despliega sus conceptos y sus saberes.


— Es una muestra que no deja indiferente al visitante, ¿buscaste de alguna manera esa interpelación? 


— En la fotografía se condensa una intensidad de la mirada. Todos los cuerpos de la imagen tienen escala 1:1. Entonces las mujeres te están mirando, te interpelan de alguna manera y también te interpelan con el peso de la historia. Esa interpelación es desde la historia.

No es que te interpelen desde un lugar del anonimato sino más bien desde el lugar que ellas han sido para nuestra historia. Por otro lado, las piezas de cerámica es prueba de registro, una pieza testigo de eso que ya sucede en la mayoría de nuestros hogares, de nuestras tareas y de nuestros roles de mujer.


— ¿Cómo es para vos moverte en estos dos ámbitos de la fotografía y la cerámica? 


— Creo que hay dos cosas que tienen en común y es lo que a mí me mueven. Tiene que ver con el peso sobre lo disciplinar, sobre lo específico de cada una que se relaciona con una pretensión de verdad. Por un lado, la fotografía es un documento. La imagen fotográfica que por su mera existencia alude a algo que sucedió. Me interesa esa carga que tiene la imagen fotográfica de la cual, por supuesto, hago abuso para decir todo lo contrario. Mi intención es que la imagen fotográfica sea la prueba de una ficción. La prueba de su propia incapacidad de existencia.


En el caso de la cerámica me interesa lo mismo, pero desde el lado de su composición, porque las tierras portan ADN del mismo suelo del que vienen. Entonces, vos podés a través de una prueba de carbono 14 saber en qué año y de qué lugar provienen esas piezas que tenés enfrente.

Entonces, hay un registro que no se puede burlar o que no se puede negar. En este contexto lo que hago es mezclar arcilla de siete u ocho provincias. Además, hago traer arcilla del exterior. Me interesa como esa deslocalización en ambos casos, en el caso de la fotografía y en el caso de la cerámica.


— El visitante y la visitante en la muestra se moverá por diferentes estadíos, ¿a vos cómo artista también te moves diferente frente a cada lenguaje?


— Pienso que finalmente las situaciones se pueden detectar después de que la pieza existe. No es algo que pueda hacer de antemano. Las tres piezas de la muestra te llevan a situaciones distintas. Mientras una te interpela como el caso de la fotografía, la pieza de cerámica te sumerge o te lleva en una especie de estadio de reflexión y silencio. Después hay otra pieza que te tensa o te lleva a un lugar incómodo.

Además, la muestra te exige un poco, tenés que agacharte para ver qué está pasando ahí abajo. Finalmente, cuando descubrís que hay algo aprisionado te sentís incómodo. Entonces pienso que las tres piezas de alguna manera proponen ese recorrido y tienen su tono o su diálogo abierto. 


— Sé que es imposible resumir en pocas palabras lo que atraviesa la muestra. En parte sí está presente el desarraigo, la denuncia y la emancipación de la mujer.


— Pensándolo en esos términos es difícil resumir. La historia aún no ha finalizado. Es una historia que sigue sucediendo. En la inauguración de la muestra conversé un poco con algunas mujeres sobre hechos que nos siguen sucediendo. En ocasiones cuando nos cruzamos por la calle o nos encontramos en nuestros trabajos con mujeres nos contamos anécdotas que vivimos todos los días. Algunos hechos parecen historias del siglo XV y sin embargo son del XXI. Son hechos que nos pasan hoy.

Por ejemplo, esta situación de que estás al volante y sos una loca. O vas a comprar a una carnicería y te pregunta ¿Qué te pidieron? ¿Qué te encargaron? Nunca van a dar por sentado que sos vos quien está por encargarse de hacer un asado.

Ni hablar de cómo estás vestida. Siguen subestimándonos en un montón de situaciones. A nosotras nos toca probar no solo con capacidad, sino también con fuerza, con insistencia y a veces nos toca hacer silencio. Todavía nos encontramos en ese lugar en el que hacemos silencio o morimos. La violencia está totalmente vigente en el presente.

Resumir verdaderamente pienso que sería casi una misión imposible.

Trabajo para visibilizar lo que nos pasa a las mujeres. El hecho de que no quede esta historia en una conversación con una colega o con una amiga en un colectivo, sino que sea algo de lo que todas podamos hablar. Me interesa que se pueda visibilizar y que se sepa realmente, que se sepa en todos los ámbitos posibles.



— ¿Cómo es trabajar para vos conceptos que están vivos y que se mueven?

— Creo que ese es el motor. El día que una mujer deje de quejarse probablemente o nos hayan matado a todas o haya desaparecido la violencia, lo cual es muy difícil en ambos casos.

Pienso que el arte es una manera de poder visibilizar lo que vivimos. Hay muchas de nosotras que estamos poniendo el cuerpo y la firma en lo que hacemos. Imagino a juezas, abogadas, diputadas, senadoras, sin embargo muchas otras no tienen ni siquiera la posibilidad de pedir ayuda y están encerradas en sus casas, algunas otras tantas secuestradas o siendo víctimas de situaciones de abusos de diferentes tipos.

Conozco casos muy cercanos. En mi familia lo viví, lo vivo, lo ha vivido mi madre, lo ha vivido mi hermana, lo hemos vivido muchas. La verdad es que las consecuencias se pueden sentir en nuestros cuerpos y a diario.

Entonces, pienso que más que algo en movimiento es algo que sigue sucediendo. Nosotras seguimos luchando por nuestros derechos y sobre todo por nuestra libertad, que pareciera una cosa extrema, pero verdaderamente es así, luchamos por nuestra libertad.

Hace poco en mi provincia - Tucumán - en una localidad del sur los vecinos lograron rescatar una niña desnuda que vieron caminando por los techos. Cuando la rescató la policía descubrieron que era una niña que había desaparecido de su casa hacía una semana. La encontraron porque se había escapado de la casa en la que estaba secuestrada. Su captor la tenía desnuda las 24 horas. Era un tipo del que nadie sabía nada y que supuestamente no se sabía dónde estaba.

Estos hechos ocurren en el 2026 en una provincia del norte de nuestro país. Pienso en este contexto en miles de niñas y niños que son arrebatados a metros de las manos de su mamá, mujeres que de nada desaparecen y vuelven a aparecer tiradas al lado de la ruta o mujeres que viven dentro de sus casas golpeadas todos los días y nadie puede acceder ni siquiera a esa información.

En mi quehacer me apoyo en un lenguaje artístico, tomo o rescato a las mujeres que han sido importantes en la historia. También estoy hablando de los cuerpos y las huellas de nuestros cuerpos presentes. Las huellas que no son ni más ni menos que lo que resulta de algo ausente. Por ejemplo, en la cerámica hay muchas huellas que remiten a los cuerpos que ya no están.



— Así como muchas mujeres abrieron puertas para que otras mujeres puedan expresarse, en tu caso estás abriendo puertas en el universo del arte. Porque sin ir tan lejos el número de mujeres que puede expresarse y exponer en museos sigue siendo bajo en comparación con los hombres.


— Totalmente. De hecho, hay un colectivo que se llama Guerrilla Girls en Estados Unidos que comienza haciendo un estudio del MoMA. Ellas empiezan a estudiar la cantidad de mujeres que están en la colección del museo. Así revelan que alrededor del 92 o 93% de los autores son hombres. en cambio las mujeres como autoras rondan apenas el 7 o 6% de esas colecciones.

Si vas a las colecciones de todos los museos nacionales esa estadística se repite. Porcentaje más o porcentaje menos, pero esa proporción se replica en muchas instituciones. Es un saldo histórico que todavía sigue vigente.


Arte 


Las obras de arte de Evi Tartari están ahí en el museo para hacernos preguntas, para cortar nuestras certezas y comodidades. Para las mujeres nada es fácil. Agrego dos ejemplos, en esta misma revista la escritora Clara Obligado reflexionó semanas atrás que uno de sus fracasos fue ser mujer - jugando con la ironía porque si hubiera sido hombre muchas puertas se hubieran abierto antes. Por otra lado, en su libro más reciente otra escritora, Margarita García Robayo se pregunta: ¿Qué soy? ¿Qué quiero ser? ¿Cuánta frustración soy capaz de soportar? ¿Cuántas mujeres caben en un cuerpo? ¿Cuántas en una vida? ¿Estoy dispuesta a abrazarlas a todas?


Cuando se inauguró la muestra Evi Vuelo de flechas hubo más de cien personas, entre artistas que la visitaron y público en general. “Me sorprendí gratamente por el interés en las obras. Hubo personas y artistas que se acercaron y con las cuales pude conversar en la noche de la inauguración”.


La escritora Megan O’Grady cree en el arte y dice que el arte “es un amarre inestable, no un puerto seguro, ante el cielo que se oscurece” y, de manera inevitable, que “corta profundamente nuestras certezas y comodidades”. A lo cual Evi Tartari dijo aquí, “el arte es una manera de poder visibilizar lo que vivimos las mujeres. Hay muchas de nosotras que estamos poniendo el cuerpo y la firma en lo que hacemos”. De esto y mucho más se puede apreciar al recorrer la muestra Vuelo de Flechas. La misma está abierta en el museo de Bellas Artes Rene Brusau de martes a sábados de 9 a 12.30 y de 17 a 21, hasta el sábado 19 de septiembre de 2026.


 







viernes, 17 de julio de 2026

Silvia Hopenhayn: “Leer es lo único que se parece a la vida”





La escritora y periodista argentina estuvo en la 16º Feria del Libro de Corrientes. Realizó días atrás una disertación titulada Homenaje a Jorge Luis Borges: cómo y por qué leerlo. En medio de la efervescencia mundialista, hablamos de los asados de la selección y haciendo una comparación con la literatura recomendó algunos cortes literarios. En esta entrevista hubo otros temas como periodismo, escritura, lectura, Borges y mucho más. Escuchó cada pregunta pero también hizo las suyas, ¿vos qué decís? ¿hay que pasar por Borges o no?


Por Paulo Ferreyra

Edición de texto Patricia Galván


Silvia estudió en Suiza y cursó estudios de Filosofía y Letras, Economía y Ciencias de la Comunicación (UBA). Tradujo películas de Godard, Chabrol y textos de Cocteau, Deleuze y Todorov. Dirigió documentales sobre Manuel Puig, Arturo Pérez-Reverte y Carlos Fuentes. Condujo y tuvo segmentos en programas de radio, hizo programas de televisión en Canal A y en Canal Encuentro, fue editora durante siete años del Suplemento Literario de El Cronista Cultural y de la sección de Literatura y Ensayo de la Editorial Norma. Publicó los libros Cuentos reales (2004, coautoría), las novelas La espina infinitesimal (2005), Elecciones primarias (2012), Ginebra (2018) y Vengo a buscar las herramientas (2021). En 2027 tendremos en librerías su nueva novela. De sus libros publicados, ni uno estaba disponible en la 16° Feria Provincial del Libro de Corrientes. Recorrí siete librerías —de nuevos y usados—, en ninguna había uno solo de sus libros.


En el campo del periodismo cultural, hay personas que abren puertas al conocimiento. Silvia Hopenhayn es una de ellas. Por ejemplo, cuando dirigió el suplemento cultural del diario El Cronista. Gracias a ella conocimos a Sergio Pitol, escritor del que casi nadie habla, salvo la escritora Valeria Luiselli quien en contadas entrevistas lo nombra como un referente. De hecho, también busqué sin éxito libros de Sergio Pitol en la Feria y tampoco encontré. 


Nos encontramos con Silvia en un bar en Corrientes. Ella con un café en manos, su entrevistador con una ginebra —quizás, es irrelevante el dato. Comenzamos la charla sobre periodismo y literatura.



—Viviste a finales de los 80 y comienzo de los 90 una época de oro del periodismo cultural, ¿cómo fue aquel momento?

—La historia tiene sus oleadas. Quizás el auge que viví pueda resurgir pronto. El apogeo que viví es de finales de los años 80 y los 90. Antes, en los años 60 hubo un gran auge con las revistas que tenía la Argentina. En mi caso entré en lo que sería el periodismo cultural de los suplementos de los diarios argentinos. 

Hubo un tiempo en que la fuerza estaba en las revistas y en algunos suplementos culturales clásicos como de La Nación y Clarín. En mi caso empecé justamente creando un suplemento cultural en un diario comercial. Empecé en El Cronista Comercial que competía con Ámbito Financiero por los números. De repente al dueño, Eduardo Eurnekian, le pareció divertido crear un espacio importante para la cultura. Como buen empresario, tiene un pequeño margen para audacias que no puede controlar. Bienvenido lo que no se pueda controlar.

Entonces, empecé a armar ahí un suplemento que llegó a tener dieciséis páginas semanales color. Era una locura. Todas las semanas había que generar dieciséis páginas que, además, trabajaba con un tema de tapa que se propagaba en las páginas interiores con una entrevista fuerte.

El propio hecho de contar con esa audacia producía un efecto convocante. Entonces, tomaba el teléfono y llamaba a Arturo Cabrera Infante en Inglaterra y le decía: "¿Podría darnos una entrevista para un diario que saca un suplemento?" Bueno, así mismo estaban vivos escritorazos nuestros. En aquellos años estaban vivos Bioy, Piglia, Saer.

Me acuerdo que para una tapa armé un asadito, como dice Scaloni ahora, hay que hacer un asadito para que las cosas salgan bien. Armé un asadito con Piglia y Saer para tramar una conversación. Todo ese asado y esa tarde se convirtió en la tapa del suplemento y adentro tres, cuatro páginas más. 

—Otra época en la que se generaban muchos encuentros.

—Totalmente. El espíritu era producir acontecimientos de diálogo. El diálogo no era una videollamada o un zoom. Buscábamos hacer esto, un encuentro presencial, esto que estamos haciendo vos y yo ahora. Eso no se va a perder nunca. Tengo fe que eso no se va a perder nunca. 

Aquello fue una época muy linda porque también se me combinó en mí la situación de los tres medios. Hacía el suplemento cultural del Cronista, tenía una columna en Radio América y además tenía programas de televisión, de libros, en Canal A. Era un combo fabuloso para jugar y barajar ideas, lecturas, encuentros. Fue un momento de oro extraño.

También fue extraño aquel momento porque coincidía con el menemismo. En general los suplementos culturales o las cuestiones que tienen que ver con la cultura —no sé por qué— prosperan cuando el poder es un desastre.


—Ahora mismo se generan cosas ya a nivel mundial, tanto que hasta Dua Lipa recomienda libros.


(Nos reímos. Silvia hace una pausa. Sonríe y toda ella es un prisma de la literatura. Vuelve la taza a la mesa. Un segundo nos dura el silencio que se ahoga por los murmullos del bar).


—Uno no sabe qué decir de Dua Lipa en el sentido de que está bueno que promueva libros, porque además son buenas obras. Está promoviendo novelas geniales. Además, es encantadora. Me daría miedo que recomiende malos libros.

—¿Por ejemplo?

—No voy a dar ejemplo. Podría hablar de libros que acarrean grandes lectores o que provocan mucha lectura. Hoy en día por ejemplo, los booktuber ¿Está mal o está bien? Esta es una pregunta para hacerse porque no hay que perder el contacto físico con el libro.

Después de ese contacto viene el contenido del libro, pero si vos cortás ese contacto con el libro y te vas al celular o a los videojuegos o lo que sea, ¿cómo volvés al libro? Después nos preguntamos, ¿qué libros? ¿Qué se lee?

— Ya que estamos hablando de libros y volviendo a los suplementos culturales, ¿se perdió la crítica literaria? ¿Lo que queda está en las redes?

—Hay algunos lugares donde se puede ejercer la crítica. Yo misma trato de ejercer la crítica, no la crítica bibliográfica en el sentido más estricto ni tampoco en el más banal. El más banal sería me gusta o no me gusta como se hace en las redes. Además, en las redes se ve mucho esto de poner notas, este tiene un siete, tiene un ocho, tiene un diez. Eso no es análisis.

Pero quedan algunas revistas importantes como Otra parte o Panamá. Quizás la tuya propiamente escrita. Para mí es necesario el análisis crítico. No críptico sino crítico.

—Todo se volvió más virtual en ese sentido, ¿los grandes medios nacionales y porteños dejaron de tener peso en la crítica literaria?

—En general en las redes, salvo revistas o blogs, son recomendaciones. Tampoco veo que haya crítica. Puede ser gente piola leyendo libros que hacen una recomendación oral. Lo que se perdió es la crítica escrita. La crítica escrita es un género. Están promovidas por Piglia o el propio Borges, y si me preguntás, Borges era muy libre para escribir.

Si leés los ensayos de Borges son ensayos en primera persona, las críticas son desde su pasión. Se puede hacer crítica desde la pasión. No hace falta tener a Harold Bloom atrás o alguna referencia ineludible académica.



Escritora

Silvia Hopenhayn sigue en el campo del periodismo. Tiene una columna semanal en el diario Perfil y sus columnas pueden leerse en otros medios. Pero además desde hace varios años comenzó a publicar sus propios libros de cuentos y novelas. 

Sobre ese pasaje de entrevistas y dialogar con escritoras y escritores a convertirse en escritora comentará que es la doble cara de la lectura. 

La lectura tiene una doble cara que es profusa o profunda. Te da las herramientas para escribir porque si no no podés escribir o hacer periodismo escrito. Al mismo tiempo, si leés mucho y gozás mucho con la lectura te inhibe. Porque decís, "¿Para qué voy a escribir? Si estoy leyendo este cuento de Silvina Ocampo y no lo podría hacer mejor”. 

Silvia dice que para escribir se ampara en el cuento Pierre Menard, autor del Quijote de Borges. “Me amparo en ese cuento para escribir. Como diciendo: "Cervantes escribió el Quijote, pero también lo intentó escribir Pierre Menard en el siglo XX. Bueno, yo podría intentar escribir Eizejuaz de Sara Gallardo. Jugando con eso y nunca pretendiendo lograrlo”, afirmó.



Jorge Luis Borges

—Llegaste a Corrientes para hacer una charla sobre Borges, ¿es necesario leer a Borges? ¿por qué?

— ¿Vos qué decís? ¿hay que pasar o no? ¿o se puede no pasar? 

— Pero acá vos sos la entrevistada y yo pregunto.

— Bien. Ahora te responde. Pero te pregunto a vos, ¿vos qué decís? ¿Hay que pasar por Borges o no?

— En mi caso te cuento que entré a Borges por la poesía. Ahí me quedé. Es una puerta inagotable. Tengo el libro de poesía completa de Borges así que cada tanto lo tomo, lo abro y donde abra me dice algo. Es como un oráculo que vive conmigo y cada vez que voy a él me dice algo.

—Bueno, coincido con vos. Borges tiene esa cualidad muy particular que te impacta lo que leés. Después viene otra cosa, no se puede contar un cuento, no es tan fácil contar un cuento o un poema o un ensayo escrito por Borges, es difícil de contárselo a otro. 

Esa dificultad de contar cómo es un poema o un cuento se debe a cómo Borges te cuenta o te dice algo. Esto de no poder contárselo a otro hace que también a una se le olvide, y vuelvas, y abrís, y está de nuevo la sorpresa. O sea, para mí Borges es maravilloso si una puede pasar por Borges, olvidarlo y volver a pasar, olvidarlo y volver a pasar y así infinitamente.

—Artes de la charla que realizaste en Corrientes, Ramón Blanco expresaba: “Dicen que Borges es difícil y aquí Silvia viene a alentarnos a leerlo”, ¿de dónde viene eso de que Borges es difícil? 

—Borges, incluso por cuestiones ideológicas, ha sido dejado de lado. Borges tiene eso de que es difícil pero hay que animarse y hay que meterse. Ya que estamos en clima de mundial y todos hablan del asado de Scaloni, vos tenés distintos cortes de carnes, algunos son más duros pero son sabrosos. Si te vas al lomo es refácil. Te invito a que tomes también otros cortes y vas a descubrir que son muy sabrosos. 

En Borges aparecen muchas nociones filosóficas de este mundo y referencias bibliográficas. Si uno como lector se intimida frente a la referencia pensando "uy, yo no leí todo lo que Borges está citando". Ahí ya es un problema de que te sientas inseguro de vos mismo. Ahora, si lo leés diciendo "uh, yo no conozco nada de lo que cita, pero bueno, lo voy a leer igual". Ya está, entraste. 



Leer es historia y es devenir

En programas de radio, en televisión o escribiendo, Silvia Hopenhayn siempre está inyectando lecturas. Desde hace varios años lleva adelante talleres de lecturas tanto de forma virtual como presencial, Clásicos no tan clásicos. Gracias a ella —se lo digo ahora por escrito— me animé a leer a Macedonio Fernández y su novela Museo de la novela de la Eterna

Pero ¿qué es leer? Para ella es devenir. Durante la charla se le vino esa palabra y ahí se quedó rumiando. “Es devenir y es historia. Creo que leer tiene esa gracia —amplificó—, es historia porque es todo lo que los seres humanos pensaron, escribieron, imaginaron a lo largo de siglos y es devenir porque al leer somos los que vamos a seguir escribiendo, imaginando y pensando, aunque no publiquemos ningún libro pero hablamos con lo que leemos”. 

Claro, teniendo a Silvia de frente, cabía la siguiente pregunta. 

—¿Hay que leer? ¿Es necesario leer?

—Mirá, ya si me lo preguntas de esa manera ahí incluso recomiendo leer cuando las personas están en crisis o con ataque de pánico. Porque si hay algo que se desarma con el ataque de pánico son las referencias, te quedas como en un lugar.

Lo único que es como la vida es la lectura. La vida es paso a paso. Yo no puedo estar ahora durmiendo en mi cama o tomando un whisky, estoy con vos charlando y estoy bien, no pasa nada, pero no se puede hacer zapping con la vida. No puedes scrollear la vida. No puedes editar la vida.

Tenés que vivir paso a paso, no queda otra, por eso leer es lo único que se parece a la vida. Tenés que leer palabra por palabra para que la frase se vaya armando.


La libertad bien entendida

—Entre las lecturas que recomendás está Don Quijote, ¿por qué?

—Por el mismo motivo que el Quijote le impactó a Borges y a tantos otros. Carlos Fuentes decía que lo leía cada dos años. En mi caso particular, para darle un poco de afecto, mi padre me lo leía todas las noches cuando yo era chiquitita. Mi padre me leía un capítulo por noche, son capítulos cortos.

Además, son capítulos divertidos que los puede escuchar una niña. Yo los escuché y después volví de otra manera y con ese sustento emotivo.

El Quijote es una fórmula de vida. No solo de lectura. Yo creo que ahí está la clave. Cuando una dice: "Hice una quijotada”. No es solamente una locura, porque no son locuras las de Don Quijote, son aventuras.

Además, es una novela sobre la libertad, pero no la libertad en términos de Milei. Es más, te diría que es la libertad no individual. La libertad no individual. Es la libertad de uno para los otros. Es la libertad de uno en poder hacer lo que quiera con tal de hacerles bien a los otros. Es una libertad rara la de Don Quijote. No es la libertad para mí. Es la libertad para mí, pero para que yo haga que los otros estén bien sin ser cristiano sino literario. 


Leer a Borges


Para hacer honor a la charla que tuvimos con Silvia Hopenhayn queda aquí una síntesis apretada sobre su respuesta e insistencia de leer a Borges. “Es un autor "sentimental": detrás de su inteligencia, su erudición y su maraña de referencias y citas (que a veces funcionan como una "telaraña para que no veamos a la araña"), late un deseo profundo y un sentimiento. Hay que leerlo sin miedo, libremente y sin prejuicios: No es necesario ser un erudito ni conocer todas las citas que aparecen en sus textos. Muchas de sus referencias o la inclusión de autores apócrifos (como en Pierre Menard) son parte de un "chiste" o juego de Borges. Hay que entregarse a "no saber" y a ser un "desocupado lector" en término de Cervantes. Es decir, a desalojar la mente y crear un espacio vacante para recibir lo nuevo y lo distinto”. Además, como si fuera poco, Borges hizo lo argentino universal y lo universal argentino: Borges tomó elementos de la historia y la literatura argentina profunda —como la figura del cautivo o el tema de las Malvinas— y los elevó a una dimensión universal, al mismo tiempo que argentinizó los grandes temas universales.




viernes, 10 de julio de 2026

Ángela Copello: “El arte es una forma de detener el tiempo”

 





Está abierta la muestra fotográfica de Ángela Copello bajo el título de En uno o mil años. La muestra está curada por Daniel Fischer quien sostiene que “la obra de Ángela se despliega como una pregunta sobre las potencias de lo visible, configurando una gramática silenciosa, una gramática ingrávida, donde la mirada deja de ser un mero umbral de contemplación para convertirse en una epifanía del suspenso”.


En una entrevista telefónica Ángela sostuvo, “una de las ideas de la muestra es entender que nosotros vivimos en un tiempo lineal muy pequeño, nosotros pasamos y hay un montón de cosas que nos van a sobrevivir. Desde ese lugar me interesa la cualidad espectral que tienen todas las imágenes”. La muestra se podrá visitar hasta el jueves 23 de julio en Oda Oficinas de Arte, Paraná 759 Piso 1, CABA. Los horarios de visita son de lunes a jueves de 15 a 19. La entrada es libre y gratuita.



Por Paulo Ferreyra

Fotografía Pablo Jantus



En esta muestra se presentan un conjunto de fotografías inéditas de Ángela Copello. La artista profundiza y nos sumerge aquí en su mirada más onda de la naturaleza. 

 

Los comienzos


Ángela desde siempre tiene una relación directa con la naturaleza. De hecho, durante esta charla afirmará que como paisaje elige la mesopotamia y que en el verde es feliz. Sus inicios ya se remontan al colegio secundario cuando estudiaba paisajismo, hacía técnica en floricultura. Estaba muy en contacto con la naturaleza. La fotografía ya estaba presente pero como un hobby. Era la fotógrafa de la familia. Hasta que en un momento la fotografía le ganó al paisajismo y se empezó a dedicar a la fotografía por completo.


Entre sus primeros trabajos vino de la mano de Angélica Thays quien le propuso participar del libro Argentina, parques y jardines. Eran los comienzos de los años 90 y el paisajismo no tenía la consideración que tiene hoy donde ya tenemos arquitectos del paisaje. 


El trabajo de Ángela Copello se amplificó en el rubro cuando empezó a trabajar para la revista Jardín. Ahí ya registraba algunas imágenes para su trabajo profesional y otras más íntimas. El refugio y el silencio que iba ensanchando su arte. 



Su primera serie de fotos fue bajo el título de Horizonte infinito. Todavía no llegaba la fotografía digital. Ella recuerda pasarse horas dentro de un laboratorio. Amó esa época. “Disfruté muchísimo esas horas y horas metidas en el silencio del laboratorio para lograr una imagen. Después vino la fotografía digital y también me enamoré de la fotografía digital.

Me adapté rápido porque seguía con el trabajo comercial y si no me adaptaba me quedaba afuera del trabajo. Con la llegada de la fotografía digital ya nadie quería pagar la película, las diapositivas, el escaneado. Con la llegada de la foto digital todo empezó hacer más rápido, más ágil y más económico”, explicó.


Acercamiento al silencio



Sobre esta mirada que tiene Ángela al paisaje agrega que siempre lo hizo de manera silenciosa, fue un “acercamiento hacia donde el alma se aquieta”. En su camino como fotógrafa independiente siempre tuvo esa capacidad para dividir lo que era su trabajo, los encargos y las fotografías que le permitían abrir el horizonte. Por cuestiones laborales ha viajado por casi todo el país. 


“Mi mirada está puesta en el paisaje. Voy fotografiando y fotografiando el paisaje de forma permanente. Después las fotos se muestran por series. Hay una frase que puede decirse que la usé como bastión y es un texto de Walden de Henry David Thoreau donde dice, tengo que volver al bosque para darme cuenta de lo que he vividoLas imágenes me permiten mostrar donde encuentro mi paraíso acá en la tierra”, afirmó.


Sus fotografías van desde una plaza de Palermo en la ciudad de Buenos Aires hasta la selva de la provincia de Misiones. Ahí se pueden tocar la paz y la quietud.



Kudzu 


En su andar buscando imágenes para una serie de fotos bajo el título de Eden. Ella se encontró con una planta llamada Kudzu. Esta es una planta que Japón le regaló a Estados Unidos hace más de 200 años. En Estados Unidos la tomaron como alimento para ganado. Es una planta maravillosa porque crece rápido, el ganado lo come y engorda.


Sin embargo, en el sureste de Estados Unidos y en estados como Georgia la misma planta azotó a la población. Se volvió así una planta muy agresiva en su crecimiento. Es una hiedra pero mucho mucho más agresiva. Se trepa y deja sin aire y sin luz a las especies nativas del lugar. Entonces forma paisajes increíbles, porque es como una alfombra verde que va tomando la forma de los árboles y todo se vuelve verde.


Es una planta que tiene esa dualidad, de lo bello y lo terrible que mata a lo que tiene abajo. Cubre viviendas o puentes, todo lo que está en su camino. Ángela investigó mucho sobre esto. Se fue a Estados Unidos. Allá el ministerio de Agricultura tiene un mapa interactivo donde los vecinos van denunciando los focos donde la planta se está expandiendo. 


En Estados unidos ella fue tomando fotografías y habló con la gente del lugar. Ellos les decían, “no hay forma de sacarla o detenerla". El tallo es grueso, como si fuera una birome y es peludo. Donde el tallo toca el suelo da raíz y eso hace que sea casi imposible detenerla. Durante varios años fotografió ese paisaje verde.


Hasta el presente las obras de Ángela se cuentan entre las series, Eden, Muros del Edén, Aquí no hay sombras, Medir el paisaje, Páramos, Flores de Dios, Impermanencias - Constenera, Impermanencia - Ñandubay, La noche se lleva mis sueños, Horizonte infinito, entre otras. 




En uno o mil años


Esta muestra que está abierta ahora en la galería Oda nace un poco empujada - desliza y sonríe Ángela - empujada y animada por Laura San Martín como galerista y Daniel Fischer como curador. “En esta serie el foco está puesto en la captura de atmósferas. Es un paso más hacia lo intangible”, sostuvo. 


Recorriendo la muestra la humanidad se detiene frente a la naturaleza que lo desborda. Quizás aparezcan escenas que hemos vivido todos. Sin embargo, aquí están captados en el momento justo y preciso. 


“La propuesta es correrse de un tiempo lineal y entrar en un espacio suspendido”.


Ángela Copello nos propone a través de sus fotografías entender que nosotros vivimos en un tiempo lineal muy pequeño, nosotros pasamos y hay un montón de cosas que van a sobrevivir.  


En la inauguración de la muestra - ocurrida hace un par de semanas atrás - explicó a los presentes que al momento de tomar una fotografía es un momento de mucho nervio y no es un momento de disfrute. La contemplación viene después. Cuando está tomando la fotografía se concentra en que los parámetros de la cámara estén bien, que la foto salga en foco, que no se vaya lo que quiere captar, entre otros factores.


En el diálogo que se abrió en la inauguración de la muestra una persona le expresó a Ángela que todos esos nervios que tiene al momento de sacar una foto la abstraen de la realidad. Todas sus antenas están puestas en ese único e irrepetible momento. A veces, meditar se piensa que es únicamente cruzarse de piernas y cerrar los ojos, sin embargo, meditar también es poner todo todo todo el pensamiento en un punto.




Arte y poesía

El concepto de arte es muy amplio. Pero una forma de definirlo para la artista es hacer un recorte y poner una foto a consideración para un momento de contemplación. El arte funciona como un refugio para detener el tiempo por un instante. Mi arte es un refugio de silencio donde pausamos el tiempo. Estoy convencida que cuando alguien tiene algo que decir, lo puede decir desde la escritura, la música y una expresión artística. Mi forma de expresarme es la fotografía”, agregó. 


Hace un tiempo en esta misma revista la poeta Diana Bellessi sostuvo que el silencio es la medida de lo viviente. Le atribuye al silencio la misma importancia que al lenguaje y por eso hace poesía. Ángela Capello hace poesía desde las imágenes, construye espacios que nos acercan a la contemplación y al silencio. 


La muestra En uno o mil años de Ángela es una invitación al silencio en su recorrido. El concepto refugio trasciende de forma permanente. “La poesía que me gusta es la poesía que nos mueve, las que nos saca de lo cotidiano o nos mueve de lo que creemos que es seguro. Ese lugar de la poesía me gusta y trabajo en ese sentido”, afirmó.