La poeta acaba de publicar su primer libro, Vivo pendiente de ser devorada por el sello Literatura Tropical. Además, está realizando un taller sobre poesía, mujer y trabajo. Con estas excusas, sumamos el día de la poesía y que hoy es su cumpleaños. Salud a la poesía.
Por Paulo Ferreyra
María Eugenia Landriel nació en Charata en 1990. Vivió algún tiempo en Corrientes y, desde hace algunos años, reside en Resistencia. Trabaja como psicopedagoga, es lectora y poeta.
Euge junto al equipo de Literatura Tropical el día que firmó contrato con la editorial |
Llegó a la poesía de mujeres desde diferentes lugares. Esos lugares corresponden a la palabra, la composición, el sujeto poético, también desde la opresión y el trabajo. A Euge le gusta compartir sus lecturas. Desde ese cuadro de situación sintió que había que encuadrar de alguna forma todas esas vivencias. Así fue que propuso a la librería El Árbol Amarillo un taller sobre poesía, mujer y trabajo, al cual todavía le quedan dos encuentros: el martes 25 de marzo y el martes 8 de abril.
Contó: “Desde que recuerdo tengo presente mis ganas de leer y escribir. A esta vivencia le sumo que siempre sentí que no era la única, que había otras personas que también hacían lo mismo. Cuando me fui a vivir a Corrientes eso se empezó a materializar de algún modo. Empecé hacer amigos y amigas lectoras”. Y agregó: “En mi biblioteca —a la altura de los ojos y del pecho— están los libros de mis amigos y amigas poetas. Acá en Resistencia se amplió mi mundo y me fui rodeando de gente con la cual podía intercambiar lecturas. Con unos amigos armamos Charco, poesía que salpica. La escritura para mí forma parte de un todo. La retroalimentación es necesaria. Me gusta escuchar y observar lo que me devuelve la escritura, no doy nada por sentado. Incluso mi libro es una presentación de presentaciones a diferentes personas que han tenido el interés de que el libro se convierta en algo concreto. La última selección de los poemas la hice en un contexto de corrección y análisis con Lucas Brito Sánchez”.
— En esa construcción, ¿cómo te sentís que ahora ya sos una poeta reconocida como tal?
— Soy malas con esos títulos. Aún no hilvané un sentimiento o sensación sobre eso. Me gusta hablar del deseo, aprendí desde estudiante la dinámica del deseo, no solo desde el inconsciente sino el deseo desde lo funcional. Siento que cuando aparece la palabra poeta o aparece mi poesía o puedo participar como poeta hay un reconocimiento a algo que se vino gestando hace tiempo. Esto responde a un lineamiento con el deseo. Es el deseo el que motoriza algo hermoso. La poesía no es solo una forma de leer la vida, sino que me dio palabras, herramientas para armar mi propio vocabulario.
— ¿Este interés muy cuidado por la palabra se conecta en algún punto con tu profesión como psicopedagoga?
— Trabajo mucho en estimulación del lenguaje y eso es tomar la palabra, repetir, repetir, sostener una base para el andamiaje básico desde donde poder acceder a la palabra. Hoy se está entrenando poco en la construcción del lenguaje. Cada vez siento que son prácticas que se están perdiendo. La lectura se está perdiendo, ese también es un propósito del taller que estoy haciendo en El Árbol Amarillo. En el taller nos encontramos con gente que está leyendo.
Camino sobre la
superficie de este astro
enfriado.
Tibia y calma me albergo
sobre un pasto mal crecido.
No te mueras, no ahora
sabiendo al fin dónde
acabar.
— ¿Somos como nos nombramos?
— Los y las que escribimos hacemos un acto donde devolvemos a la máquina lo que nos combustiona. Seguir escribiendo implica eso, que se genere un libro y que se genere la posibilidad de acceder a la lectura. Hay que creerle a la gente que dice “con vos empecé a leer”. Siempre estoy escribiendo. Soy más de leer que de escribir. Me considero una lectora que escribe.
— Hablaste de que a la altura de la mirada y del pecho están los poetas amigos y amigas. Además de esos poetas, ¿por dónde se amplifica esa lectura poética?
— En el último tiempo comencé a consumir antología de escritoras argentinas, algunos nombres como Diana Bellessi. Llegué a ella porque los poetas amigos y amigas me habían hablado de ella. Accedí a nombres que me ramificaron a escritores y escritoras extranjeras. Paso horas en las librerías chusmeando y explorando. Tomo muchos las recomendaciones porque eso es una construcción y un acto de amor, de afecto, alguien se te acerca y te dice “che, te quiero, me importás, podés leer esto o aquello”.
— ¿Qué sentís ahora que vas a tener tu primer libro editado con Literatura Tropical?
— Fue hermoso trabajar con Literatura Tropical. Los vengo siguiendo desde el 2021, después de la pandemia. Desde que los encontré, sentí que quería ser parte de su sello. Desde que los sigo les empecé a mandar material. Incluso lo que le mandé en un momento es parte de lo que hoy forma este libro. Quería publicar con ellos. Vuelvo a la cuestión del deseo, lo que empecé a desear en un cuerpo propio lo expandí en el contacto vivo que sostenemos hoy con Literatura Tropical.
Tapa del libro de Euge, Vivo pendiente de ser devorada. Editorial Literatura Tropical. Diseño de tapa Julieta Ramos |
El año pasado me avisaron que iban a trabajar conmigo. Son personas que saben lo que hacen y disfrutan lo que hacen. Tengo la mayoría de sus libros de poesía. Sostener un proyecto desde hace tantos años y promover la lectura es algo importante en estos tiempos. Me gusta formar parte de un proyecto que va más allá de la editorial de escoger y editar a determinados autores y autoras.
Jugar con las palabras
El sol baña su rostro, está sonriente. Escapa a las definiciones porque las definiciones la limitan. Entonces hace un gesto que acompaña con sus manos. Quiere expandirse. Pero como esto es una entrevista se ve en la necesidad de pensar, de advertir que lo que dice hoy puede cambiar mañana, o dentro de un rato, reflexiona.
Ante la pregunta inevitable de qué es la poesía piensa, bebe y respira. Finalmente desliza: “La poesía es una forma de escribir y toca fibras íntimas. Es una vía para hablar de lo que nos sucede, de cosas íntimas donde podemos nombrar, ponerle palabras. La poesía es un enriquecimiento y un interjuego con la palabra muy valioso para estos tiempos”.
Ahora el mundo pertenece
al orden de las palabras
sin boca.
Estamos vivos con lo justo
a expensas de la riqueza
de nuestros verbos.
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