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martes, 1 de abril de 2025

Andrés Paredes: “Arte y ciencia están presentes en todos mis obras”


El artista misionero inauguró dos muestras en la ciudad de Resistencia.
Paciencia infinita en el Museo de Bellas Artes e Inmiscible en la galería Yuyal. En esta charla hablamos sobre su obra, las raíces, la naturaleza y claro, también hablamos de chicharras.

 

Por Paulo Ferreyra

 

“Hay gente que con solo decir una palabra / enciende la ilusión y los rosales, / que con sólo sonreír entre los ojos / nos invita a viajar por otras zonas”, así describió alguna vez Hamlet Lima Quintana en su poema Gente necesaria. Andrés Paredes es de esta gente, mano tendida, mueca de sonrisa feliz en un rostro amable, colores teñidos en el aire donde el arte dialoga con la sociedad y la naturaleza.

 

Lleva más de veinte años trabajando en el arte. Está de viaje en la vida y con su obra. Comenzó hacer obras con las dos manos. “Hace mucho que buscaba esta línea orgánica”, cuenta y sonríe ante algo que parece sencillo pero no lo es en absoluto. Paredes visita la provincia del Chaco pero al mismo tiempo revela que aquí es como pisar el suelo que también le pertenece y es aquí donde puede hablar de sus raíces. Su abuela nación en Sáenz Peña, su madre es de Villa Ángela y como si fuera poco, sus pares artistas están en esta provincia.

 

— Una de mis primeras muestras las hice en Resistencia, en el 2006, en el espacio de radio Libertad. Era un espacio de arte contemporáneo muy de vanguardia para la época donde podía experimentar desde mí lugar. Era un momento de mucha efervescencia y había demanda de arte. En el 2014 hice una muestra individual en el Muba. Ahora, vuelvo en el 2025 para hablar de mis raíces y sentir que estas tierras de alguna forman me pertenecen.


 

Andrés Paredes es de Apóstoles, Misiones. Es artista visual y diseñador gráfico egresado de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM). Se formó y se sigue formando en distintos países y realizó muestras en diferentes provincias argentinas, además expuso en Chile, Paraguay, Colombia, Perú, China y EEUU, entre otros países.

 

— ¿Cuál fue el criterio que usaste para los tintes naturales que aparecen en un espacio de esta muestra en el Muba?

 

— Hay una serie de tintes naturales que surgieron de una residencia en Areguá, Paraguay. A medida que iba viajando por ese país veía puestos que vendían remedios — los yuyos para el terere — me pareció interesante trabajar con esos yuyos para sanar.

 

Empecé hacer té y después seguí con las hojas de mango licuadas, también pinté con tierra. Hay una serie que tiene tierra y vino de Mendoza, trabajé en un laboratorio de esa provincia.

 

Después hay otra serie donde pinté en una cascada en Misiones donde trabajé con la espuma, con esa espuma que arrastra sedimento y tierra. Estas acuarelas no significan una representación del paisaje sino que son el paisaje.


 

 

Transformación

 

Hace unos días atrás charlamos con Andrés Paredes en el Museo de Bellas Artes de Resistencia. Mientras hacía el montaje de esta muestra Paciencia infinita. La sala del museo es como si fuera un elixir. Todo lo que puede apreciarse en las paredes se conecta con lo que está en el centro de la sala. Salir de esta especie de huevo es enfrentarse con el lugar de las podas, esas podas hablan de la muerte - una metáfora de sacar de la vida lo que ya no sirve más o hacer lugar para que algo nuevo aparezca. La poda puede ser definitiva y por ello el artista habla de algo que ya no volverá a nacer. Tiene esa doble metáfora que cuando vos salís te estás muriendo y también estas emergiendo. La obra habla de ciclos y transformaciones.

 

— ¿De dónde viene ese concepto de transformación?

 

— Trabajo con insectos que se transforman. Mariposas, libélulas, chicharras. En la muestra en el MUBA hay cuadros inéditos que nunca mostré en ningún lado. Los cuadros están pintados en Areguá con pigmentos naturales, usando la mano izquierda como una cuestión transformadora. Habla de una naturaleza microscópica.

 

— El título de la muestra, Paciencia infinita, ¿tiene relación directa con esa transformación?

 

— Me gusta establece relaciones en mi obra o poder visibilizar, establecer caprichosamente relaciones entre la naturaleza y lo que nos sucede a nosotros como seres humanos. En ese sentido hay varios puntos. Uno de ellos es elegir insectos que se transforman como las mariposas, libélulas y las chicharras. En ese punto busco establecer una metáfora con el deseo de todo ser humano de redefinirse y reinventarse las veces que sean necesarias.

 

Después se establecen en este marco otras metáforas como las podas. Esta es una obra que está en la entrada del museo. Esta cuestión de la poda habla de mantener y cultivar tu jardín interior para que sea fértil o para que crezca lo que vos querés que crezca. Es el espacio para darle lugar a lo nuevo.


 

 

Emerger

 

Escribo esta palabra y rápido voy a un diccionario. El primer significado que aparece es brotar. Ahí cobra más potencia todo el título de la muestra de Andrés Paredes – Paciencia Infinita. De esto se desprende dos cuestiones, por un lado la paciencia que es propia del ser humano y lo infinito que es propio del ciclo de la naturaleza, donde todo van sucediendo y que a veces no tenemos tiempo de detenernos para apreciar los cambios.

 

“Todo tiene ciclos”, advierte el artista. Incluso eso puede verse en la sala que está divida en segmentos que representan donde estamos parados en el universo. La disposición de la obras en el formato de la sala de un óvalo lo lleva a Andrés Paredes a plantar la idea de una crisálida.

 

El concepto nuevo es atrapante, la crisálida es un lugar del cual uno emerge y se emerge diferente. No tiene que ver con el nacimiento sino con una toma de decisión. El estado de crisálida tiene relación con un estado de metamorfosis y transformación. Paredes tomó la forma ovalada de la sala del Muba como si fuera una crisálida. Esa es la obra más interesante, señalar que estamos adentro de un ovalo y la experiencia se vive ahí, recorriendo cada paso, dentro de la crisálida.


 

 

Invitación a la introspección y a la meditación

 

 

— ¿Es tu muestra más profunda?

 

— Tiene muchas cosas y varias puntas para hablar, de la naturaleza, la transformación, de algunas cuestiones que me surgieron hace muy poco. Soy misionero. Hace tiempo que no vivo en Misiones sino que ando por todos lados, viajando y dando vueltas por distintos lugares.

 

El año pasado tuve la suerte de ir al Desierto de Atacama, hice una residencia y ahí cambió mi visión sobre la naturaleza. La parte más espiritual de la muestra está centrada en una cueva que está dentro de la crisálida. Este es un organismo metido dentro de la crisálida. La cueva tiene rocas y cristales. Esos cristales los construí para hablar de ese sentimiento de la piedra como materia vibrante y no como una cosa inerte. En ese sentido, me interesa pensar qué sentiría esa piedra o esa montaña si no se hubiera extraído nunca ningún mineral.

 

— Esas aberturas también hablan de la paciencia

 

— Los calados de muchas épocas hablan de la paciencia infinita. Hablan de esa cuestión del tiempo que se dedica a producir cada obra. Acompaña esta muestra un laboratorio instalado en el Hall de la Casa de las Culturas. Esto hace referencia a un hallazgo de un microscopio con el cual jugaba cuando era chico, ahí aparece la visión microscópica que nos habita pero también una relación directa entre arte y ciencia. El arte y la ciencia está presente en todos mis trabajos.


 

— Vuelvo a una cuestión de la poda, ¿esto tiene conexión con tu arte donde hay una necesidad de crear cosas nuevas y dejar atrás incluso cosas que funcionan?

 

— Totalmente. Es como una curiosidad, en todo tiempo estoy en una búsqueda y hay veces que necesito hacer algo que no se replica, una obra única donde queda la obra recortada en el tiempo. Es un ejercicio de edición que creo que debe estar presente en todos. Claro, esta edición es una toma de conciencia, autoconocimiento y nos exige ser analíticos. Para mí ser artista implica esta cuestión, estar viviendo en un tiempo y estar relacionado con la sociedad, con tus pares más cercanos. En mi caso mis pares están en el Chaco, con quienes puedo tener un diálogo sincero y válido.

 

 

La Chicharra es un símbolo tremendo y es nuestro

 

La naturaleza siempre está en la obra de Andrés Paredes. Más allá de haber nacido rodeado de ese ver natural de Misiones, hay un posicionamiento del artista donde subraya que se siente un eslabón de la naturaleza, es parte de la naturaleza. No un ser superior a la naturaleza. “Soy parte de y no soy superior a”, advierte. Desde ese lugar habla de lo microscópico y pinta con la mano izquierda, pierde el control y trata de sentirse un par cuando trae al arte un árbol, por ejemplo.

 

Paredes ha transcendido por varias obras pero una de las más características es la chicharra. Antes de llegar a Resistencia expuso en Salta donde cuenta que allá a la chicharra le dicen Cuyuyo, pero la simbología es la misma.

 

“La Chicharra vive debajo de la tierra y emerge en el momento en que nosotros estamos replanteándonos la idea de un próximo ciclo cada fin de año. Salen para decirnos podes cambiar y podes transformarte. Además se pega con la tradición del renacer que es la tradición cristiana. Coincide en que todas nuestras navidades son con sonido de chicharra. No entiendo por qué en nuestros árboles de navidad no hay chicharras y ponen renos. La metáfora es la misma. Es renacer, la fe, la espiritualidad o pensar en un proyecto nuevo está ahí para nosotros. Para mí es un símbolo muy tremendo y es nuestro. Además, está incorporado en nosotros desde lo sonoro y lo visual”.